Kirchner y Duhalde van a la pelea aún en la hipótesis de una derrota

Por: Eduardo Aulicino

La mayoría de los políticos parece haber tomado el 2010 como un entrenamiento para el 2011. Algo así como un muy largo período de internas, sin mayores reparos en la fatiga que puede producir más allá de los límites de los partidos.

En el peronismo, algunos gobernadores, legisladores y referentes locales se esperanzan con las candidaturas, sueñan con éxitos electorales. Pero sólo dos dirigentes, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, se muestran dispuestos a la pelea por la jefatura del peronismo aún en la proyección de una derrota: piensan en el papel del PJ como eventual oposición y en sus propios planes para la recuperación política.

¿Serán ellos mismos candidatos? Las encuestas, incluso las que buscan congraciarse con los contratantes de tales servicios, no muestran a Kirchner y Duhalde como los mejor valorados, al menos en estos días. Ellos trabajan para cambiar esa foto, pero todavía no está claro siquiera si esta vez se cumplirá la convocatoria a internas abiertas, simultáneas y obligatorias para todos los partidos, en el lejano agosto del 2011. Los dos se preparan para dar esa pelea y la de la conducción partidaria, mientras circulan nombres alternativos en el oficialismo y en el peronismo desalineado.

Allegados a Kirchner hacen cálculos sobre las posibilidades electorales de su jefe. Creen que aún hay espacio para dar pelea por la candidatura y difunden que su capital político no es despreciable: dicen contar con un "piso" del 25 por ciento de los votos, una base que creen firme, y propia, aún en el caso de enfrentar un balotaje, proyección ésta que hoy tiene pronóstico de derrota, según se admite en círculos oficialistas.

¿Ese porcentaje de votos que mencionan voceros K es realmente propio? El punto aquí es que el caudal nacional del año pasado -aún en la caída- se apoyó en la estructura de gobernadores e intendentes del PJ. Para Kirchner sigue siendo vital mantener disciplinados a los llamados jefes territoriales, algo que debería enfrentar en primer lugar la prueba de las internas. El interrogante es qué pasará hasta entonces con las grietas partidarias que ya hoy son visibles.

El ex presidente, según dejan trascender algunos allegados, cree que una derrota electoral no lo dejaría sin aliento, siempre que logre mantener con fuerza la conducción justicialista.

En ese punto, la imaginación K se transporta a un horizonte de jefe de la oposición, en un contexto en que ninguna fuerza tendría aseguradas las mayorías en el Congreso. Consideran que los bloques, si se mantienen alineados, tendrían mucha gravitación para dar batalla política.

Pero a ese cálculo suman otros ingredientes, más inquietantes: el mantenimiento de la alianza con Hugo Moyano y de los acuerdos con organizaciones piqueteras como elementos de presión. Algunos agregan al cóctel la capacidad de negociación con sectores empresariales hoy muy próximos al esquema de poder kirchnerista. En conjunto, una plataforma para la disputa con un gobierno de otro origen político.

Las señales valen por lo que exponen, pero no aseguran por sí solas el éxito de los planes ejecutados sobre la mesa de arena. Hay otros anotados en esta larga carrera. Y en el peronismo, Duhalde se presenta como el otro protagonista con voluntad política de disputar la jefatura del PJ en cualquiera de las perspectivas para el peronismo.

Duhalde cree que se le pueden ganar las internas abiertas a Kirchner. Pero evalúa que aún en caso de derrotarlo, la prueba electoral que viene será muy difícil para el justicialismo. Algunos dirigentes cercanos reparan, claro, en la historia del final menemista: Duhalde fue protagonista de la mayor ofensiva contra la re-reelección de Carlos Menem, pero después no pudo contra el ascenso de la alianza opositora. Aquel dato del pasado aparece en sus cálculos de estos días. Y, destacan dirigentes del sector, la respuesta es que la pelea debe ser dada incluso pensando en ese horizonte.

En el duhaldismo rechazan además los cálculos políticos del kirchnerismo: creen que Kirchner no cuenta con el piso electoral que presume y que todo depende de cómo jueguen en cada distrito los dirigentes de peso local, haya o no internas abiertas. Y consideran que más allá de cómo opere Moyano, buena parte de la dirigencia sindical no lo acompañará en la hora del ocaso K.

Para completar, afirman que el PJ sólo logrará recomponerse y recrear sus relaciones políticas y sociales una vez agotado el ciclo kirchnerista. Señal evidente de que el camino es largo: el 2011 no es la estación final para Kirchner, pero tampoco para Duhalde.

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