Los jóvenes rusos también se indignan

La escasa renovación política, la corrupción y las dificultades para realizarse profesionalmente son las principales quejas de los menores de 35 años. Para la mayoría sólo hay una solución: emigrar.

El esperado regreso al Kremlin del primer ministro ruso, Vladimir Putin, horroriza a Alexei, de 27 años. “Si eso ocurre, me voy del país”, afirma el experto informático. Muchos jóvenes rusos piensan igual. Antes de las elecciones de hoy, crece el descontento sobre la clase política y observadores hablan de un auténtico “escapar de Putin”. “Nos mienten de la A a la Z”, lamenta Oksana, de 32 años, y quien como muchos otros prefiere no dar su nombre verdadero. Elecciones injustas, ninguna posibilidad de autorrealización, alta inflación, corrupción, aumento en los precios de los alimentos, sueldos cada vez más bajos. La lista de quejas de Oksana es larga.

Pero es sobre todo el temor a ser gobernados durante más años por el tándem formado por Putin y el hasta ahora presidente, Dimitri Medvedev, sin esperanzas de cambio como en el mundo árabe, lo que anima a jóvenes bien formados a emigrar.

Según un sondeo representativo del instituto demoscópico Levada, el 22% de los consultados dijo querer irse del país, el doble que en los últimos años de la Unión Soviética. Con 143 millones de habitantes, la población del país con mayor superficie del planeta es ya de por sí reducida. Se estima que tan sólo en los últimos años han emigrado un millón y medio de personas. El gobierno busca ahora frenar la tendencia.

El director de la Agencia para Iniciativas Estratégicas de Moscú, Andrei Nikitin, dijo que las autoridades conocen el peligro de la emigración de jóvenes cualificados. El mismo Putin dijo recientemente al referirse a la agencia creada por él que había que “establecer estructuras adicionales para que la gente joven e interesada pueda realizar con perspectiva sus ideas y propuestas”.

Medvedev habla de lo mismo cuando promete una modernización del país. “El problema es que tenemos que crear las condiciones para el trabajo en Rusia”, dijo hace poco el jefe del Kremlin. Nikitin explicó que su agencia tiene la función de ayudar a estos jóvenes bien formados que dudan del sistema ruso.

Uno de los proyectos más emblemáticos del Estado ruso es el nuevo Centro de Innovación y Tecnología Skolkovo en las inmediaciones de Moscú, pensado para que en el futuro los cerebros más inteligentes impulsen la modernización del país. Sin embargo, muchos científicos prefieren todavía buscar suerte en el extranjero. Según el diario Kommersant, la fuga de talentos científicos se nota cada vez más. Biólogos, matemáticos y físicos lamentan las malas condiciones sociales en Rusia, la burocracia desbordante y la concesión poco transparente de fondos de investigación en un sector científico dominado por la corrupción. “De los que hoy tienen la posibilidad de trabajar en el extranjero, el 100% se va del país”, dijo al periódico la destacada bióloga Ilya Kolmanovski.

“No quiero que mi hijo crezca en este país”, afirma Alexander, de 37 años y quien no tiene dinero suficiente para emigrar. La consecuencia: refugiarse en la familia. Muchos esperan al fin de semana para salir al campo. Cuando no se puede salir del país, sólo queda la migración interna. <

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