Fueron 77 los estudiantes que viajaron a la zona del terremoto y ayudaron en la recuperación de la zona. Aquí, los detalles de la acción solidaria, que los alumnos quieren continuar en la provincia.
Son 77 jóvenes de diversas carreras universitarias de Mendoza, quienes, sin dudarlo, viajaron para ayudar a -como ellos mismos les llaman- "los hermanos latinoamericanos".
Desde la Universidad Tecnológica Nacional, la UNCuyo, la Universidad de Mendoza y la Fundación Universitas, decenas de estudiantes con diferentes vocaciones se entrelazaron durante una semana para ayudar a consolidar un fin solidario.
convocatoria. La génesis de la idea comenzó cuando la Fundación Un techo para Chile se comunicó con Paula Sosa -estudiante de Ciencias Agrarias de la UNCuyo-, y Romina Díaz -estudiante de Ciencias Políticas de la misma universidad-, para preguntarles si podían reunir voluntarios que quisieran construir viviendas.
"A mí y a Paula nos convocan de Un techo para Chile desde Concepción, que tiene dos zonas de emergencia. Mi hermana, Valeria Díaz, es parte de la Fundación, por eso la invitación llega a mí. Nos convocan y nos dicen si podríamos reunir voluntarios universitarios porque necesitaban hacer una construcción en una semana, ya que viene el invierno, y la gente vive en carpas", narró la organizadora.
La fundación se hacía cargo del hospedaje y la comida, pero desde la capital chilena de Santiago, por lo que lo chicos debieron rebuscárselas para llegar hasta allá. En este sentido, Romina contó: "Nosotros conseguimos financiamiento de la Facultad de Ciencias Políticas y de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. También una señora que no podía ir nos ayudó mucho".
De esta manera, para que todos los voluntarios pudieran ir, se creó un fondo en el cual los chicos que sí tenían el dinero para ir, pero sus universidades igual se hacían cargo de los costos del proyecto, lo donaban, para que otros chicos sin recursos pudieran viajar. "Así, nadie se quedó sin ir. Además, la empresa que nos llevó nos bajó de 180 a 140 pesos el pasaje, porque llenamos un micro entero", afirmó Romina.internet como medio solidario. "La cadena de mails funcionó muchísimo. Empezamos a movernos en la UNCuyo y sin nada de herramientas logramos una gran convocatoria. Mi amiga Paula desde la Facultad de Ciencias Agrarias y yo desde la de Ciencias Políticas, sin nada de recursos. Con el cara a cara de hablarlo por los cursos, con carteles, cadenas de mails y en centros de estudiantes que lo difundieran", explicó Romina, quien aseguró que lo que más juntó personas fue la cadena de mails, demostrando así que internet es la forma más eficaz de comunicación masiva.
Un ejemplo de esto fue cómo se enteró de la movida solidaria Bernardo Moretti, estudiante de Recursos Humanos de la Fundación Universitas: "Me llegó de rebote, me enviaron un mail y les contesté".
el que no arriesga... Según cuentan las estudiantes, la organización fue muy rápida, y la información que brindaron en los mails era sumamente básica, lo cual le da más significado, ya que los chicos sin saber mucho igual se ofrecieron a ayudar.
"Por eso fue muy positiva la experiencia, porque muchos fueron arriesgándose, sin saber mucho, e igual todos pusieron muchos de sí, se arriesgaron sin saber con lo que se enfrentaban", dijo Romina.
Los jóvenes eran en su mayoría mendocinos y tenían entre 19 y 25 años, pero también hubo excepciones, ya que viajaron chicos extranjeros de intercambio, y una mamá que, como su hija no pudo ir, decidió tomar su lugar.
Más allá de la experiencia y de entablar amistad con muchas familias chilenas, los jóvenes mendocinos crearon un nuevo grupo de amigos. "Cuando nos juntamos para mí eran nombres y teléfonos, pero no nos conocíamos personalmente. Hoy estamos organizando asados y buscando la forma de colaborar acá en Mendoza", explicó Romina.
la vivencia. "Los primeros días estuvimos en Hualpén, donde no había llegado el tsunami, pero algunas casas se había caído por el terremoto. Lo complejo era en un barrio, por ahí no se habían caído todas las casas, sino una sola, pero que estaba ubicada en el medio. Y se complicaba trasladar los materiales hasta ahí. El clima no ayudaba porque muchas noches llovió, eran muchas cosas que retrasaban la construcción de la casa", admitió Romina.
Por su parte, Bernardo contó: "En Hualpén paramos en el Club Dos Águilas. La gente estaba muy agradecida. El presidente del club nos atendió de diez, intercambiamos historias, nos habló de Malvinas".
En cuanto al terremoto, Romina aseveró que, pese al dolor, es un tema del cual se conversa bastante. "Se habla muchísimo del terremoto, no es como que hay un tabú o algo así. Te cuentan su experiencia y casi que conviven con algunas réplicas. Pero en las zonas más críticas, donde murió mucha gente, donde tuvieron que armarse para defender a la gente de su barrio, que pasó hambre, sed, y donde se saquearon los supermercados, el tema es más sensible", comentó.
Como dijo la estudiante, la situación es delicada por los familiares que muchos perdieron, pero, además, por la forma en la que están viviendo en la actualidad. En este sentido contó: "Si bien hay lugares en los que la gente que perdió sus casas tiene dónde vivir, por ejemplo en casas de allegados, hay otros sitios, como Santa Clara, donde viven amontonados en campamentos. Y cuando llegamos, nos preguntaban: ‘¿Cuándo me tocará una casa?".
la metodología. La forma de organización fue en cuadrillas de 5 o 6 chicos. Cada grupo realizó tres casas y contaba con un jefe que bajaba la información al resto.
Todos recibieron una capacitación en la Universidad de Concepción, donde les explicaron los métodos para construir la casa.
"Nos repartieron un manual para hacer la casa media agua. Y con maquetas y filminas nos explicaban. Aunque hubiese sido mejor ver una casa hecha", admitió Bernardo.
Las viviendas son de madera, de 18 metros cuadrados, sobre 15 pilotes que la sostienen, con un techo de zinc. Son precarias, ya que, según afirman desde la fundación, en ningún momento pretenden ser definitivas, sino momentáneas para quienes quedaron en la calle.
En Santa Clara, 95% de las casas fue destruido por el tsunami. Allá también existe un grupo de chicos universitarios que viene trabajando con el arreglo de las viviendas todos los días y los fines de semana desde apenas ocurrido el terremoto.
Sin embargo, era frente a estas situaciones límite que los mendocinos se entusiasmaban en ayudar aún más. "En Santa Clara, la parte social era terrible, porque murió mucha gente. Era complicado, delicado. Pero ahí, los chicos le pusieron mayor cantidad de ganas, pese a que era cuando estaban más cansados porque venían de construir una casa y la jornada de trabajo era, en promedio, de 12 horas. En total construimos 21 casas", expresó Romina.
La capacitación no sólo fue en cuanto a lo técnico de la construcción, sino que, además, trataron la significación del viaje, en cuanto a motivación de por qué estaban ahí, y la necesidad de derribar rivalidades de antaño. "No era solamente ayudar, sino que también todos concluimos en que era tener una visión distinta de la otra persona, no verla por su nacionalidad, sexo o religión", comentó."no tan distintos". Según cuentan los viajeros, la vivencia no tiene comparación. Son de esas situaciones que te hacen salirte del foco habitual para comenzar a ver las cosas de una manera distinta.
Aún hoy continúan existiendo disparidades o hasta rechazos -en casos extremos- entre ciudadanos de países distintos. Todavía -increíblemente- existen personas que ante la catástrofe de otra nación, exclaman: "Se lo merecen". Pero, experiencias como estas pueden hacer que la mirada vaya más lejos.
"Lo que más te enriquece es poder estar con la misma familia que pasó por ese sufrimiento. Eso es lo que más les impactó a los chicos, que los chilenos les contaran sus experiencias, su vida cotidiana, sus intereses no tan diferentes de los nuestros", dijo Romina, y agregó: "Siempre existió esa rivalidad con Chile como con otros países. Pero en este viaje fuimos todos latinoamericanos. De hecho, los estudiantes gritaban ‘Viva Chile', mientras trabajaban".la fundación. Un techo para Chile es una ONG que existe desde 1997 y está formada por jóvenes universitarios, encabezados por un sacerdote jesuita, Felipe Berríos, quien ejerce como su capellán. Su objetivo era erradicar las villas miseria, pero, luego del terremoto, las circunstancias cambiaron radicalmente y comenzaron a realizar casas temporarias para aquellos que se quedaron sin hogar.
La organización logró tanta aceptación por el Gobierno chileno, como por personas de otros países, que quisieron imitar la solidaria acción. Así es que hoy, Latinoamérica cuenta con sedes de esta fundación, bajo el nombre de Un techo para mi país, en lugares como Guatemala, México, Brasil, Ecuador, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Argentina, entre otros.
Por ese gran alcance es que el Gobierno de Chile le pide a la fundación que construya 20 mil hogares en un mes, y es entonces cuando la ONG comienza a buscar voluntarios.
Al ser tan popular, la asociación solidaria es fácil de encontrar en la web. Mediante Facebook, se la busca como Un techo para Chile o -en relación con nuestra provincia- Chile necesita la ayuda de jóvenes mendocinos.
continuar construyendo. Según afirman los estudiantes entrevistados por El Sol, la experiencia los marcó para siempre: "Los chicos te agradecen, te invitan para volver en las vacaciones. Notás la necesidad de conversar, de agradecerte. Es una experiencia increíble que no olvidás jamás. La sonrisa de una persona a la que le estás dando una casa, una palabra de aliento", expresó Aisha Sar, estudiante de Arquitectura de la Universidad de Mendoza y otra de las mendocinas que viajó.
En sintonía, Romina aseveró: "El poder hablar, interactuar y estar construyendo su casa ahí con ellos fue muy lindo. Nos agasajaron un montón con comida, en forma de agradecimiento. Con los chicos de Concepción nos hicimos muy amigos. El trabajo físico te hace tener una relación distinta mucho más intensa en poco tiempo. Y con las familias hicimos lazos muy lindos".
En cuanto a continuar con la iniciativa solidaria pero en tierras mendocinas, Romina afirmó: "Hay muchos chicos que quieren ayudar, tenemos que buscar la forma de canalizar esa motivación y ver cómo podemos aplicarla en Mendoza. Tenemos que sacar ideas, porque a todos nos llegó mucho lo de la vivienda, pero, además, el trabajo comunitario en los barrios. Por esta experiencia hay muchos chicos que ya tienen iniciativas para trabajar en los barrios de acá".
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