Desde el Centro Riocuartense de Ayuda al Diabético buscan concientizar a la población sobre esta afección. La especialista y fundadora de la organización, Beatriz Greco, advirtió que la cantidad de niños y adolescentes insulinodependientes aumenta año a año, especialmente por la mala alimentación
El Cradi se constituyó hace casi 30 años como una asociación de madres y padres de niños diabéticos que compartían allí sus problemáticas. Este año, sin embargo, un grupo de jóvenes menores de 21 años ocupó la comisión directiva de la organización para trabajar contra la enfermedad que ellos mismos padecen día a día.
“Estamos empezando, a lo que se quiere llegar es a hacer más eventos, charlas, caminatas, mateadas”, señaló Santiago Molina, un joven de 19 años que hace poco asumió como secretario del Cradi. Y agregó que la intención es difundir las implicancias de esta enfermedad ya que existe un gran desconocimiento en chicos y grandes.
La iniciativa del grupo se enmarca en un contexto en el que la aparición de la diabetes tipo 1, es decir insulinodependiente, es cada vez más frecuente en la primera infancia, la edad escolar y la adolescencia. Incluso, la enfermedad también se ha vuelto común en recién nacidos.
Tal como explicó la pediatra y diabetóloga Beatriz Greco, estos pacientes deben cambiar sus hábitos de por vida, ya que se trata de una enfermedad crónica cuyo tratamiento requiere controles e inyecciones diarias de insulina, el seguimiento de un plan alimentario y la realización de actividad física.
De cualquier manera, la especialista explicó que los casos de diabetes en niños y adolescentes representan sólo el 10% del total de pacientes afectados por esta enfermedad, dado que la afección en adultos es mucho más frecuente.
Llegar al diagnóstico
“Muchos chicos y jóvenes no saben que son diabéticos. Me pasó a mí mismo, no sabía que existía algo que se llamaba diabetes ni sabía que le podía agarrar a los niños”, expresó Santiago, quien a los nueve años de edad fue diagnosticado con esta enfermedad. Y agregó que en la sociedad no existe suficiente información sobre esta patología.
“Son muy pocos los que se hacen un control de glucemia, que dura 5 segundos y es un buen factor para saber si sos diabético o no”, dijo el joven y consideró que hacerse
“un control por año sería una buena forma de tomar un poco más de conciencia”.
Por su parte, Greco explicó que, a diferencia de otras afecciones, “la diabetes no se desencadena de un día para el otro”, lo que dificulta llegar a un diagnóstico a tiempo.
“La diabetes se va preparando durante meses, o sea que cuando el chico empezó con la sintomatología, dos o tres meses antes ya estuvo teniendo glucemias altas, lo que pasa es que no tenía síntomas porque ese exceso de glucosa que tiene en la sangre, si no es muy alta, no se detecta”, argumentó la pediatra.
De esta manera, en la mayoría de los casos, los síntomas aparecen cuando los chicos ya han perdido el 90% de las células formadoras de insulina y “ya está la mitad del páncreas destruido”. En este marco, la especialista local subrayó que se trata de una enfermedad difícil de diagnosticar precozmente.
Sin embargo, en el último tiempo esta situación ha comenzado a cambiar gracias a que existe mayor información sobre la problemática.
“Se piensa más que antes en la diabetes”, dijo la pediatra, quien observa que las familias tienen más conciencia sobre la insulinodependencia. Este cambio permite que los chicos lleguen cada vez más temprano a la consulta y que los médicos también cuenten con más herramientas para diagnosticar la patología. “Ya no es el médico de antes, que no podía creer que un chico de 2 años tuviera diabetes”, acotó Greco.
Para toda la vida
“Una vez que se desencadenó la diabetes se desencadenó para toda la vida, porque se lesionó el páncreas y las células que forman insulina”, señaló la médica local en relación a la importancia de diagnosticar esta enfermedad a tiempo.
Debido a que generalmente los niños y jóvenes diabéticos llegan a consulta cuando la enfermedad ya se encuentra en un estado avanzado, la noticia sobre la presencia de la patología está acompañada por el inicio del tratamiento para “suplantar la insulina que el cuerpo no puede formar”, indicó Greco y añadió que “desgraciadamente la única forma que tenemos de dársela es con inyecciones”.
En tanto, desde su propia experiencia, el secretario de Cradi se refirió al impacto emocional que genera recibir el diagnóstico: “Este año se cumplen 10 años de que soy diabético y la principal dificultad es psicológica, el aceptarlo te lleva un tiempo y el asumir que es una enfermedad para toda la vida”.
En este sentido, el joven de 19 años resaltó que aceptar la enfermedad implica un proceso de diversas etapas, pero aclaró que una vez que el paciente resuelve el aspecto psicológico sólo “es cuestión de cuidarse, controlarse a diario y llevar una vida saludable”.
A la vez, Santiago resaltó la importancia de encontrarse contenido y apoyado por el entorno. En ese marco, puntualizó: “Sería bueno que en los colegios tengan alimentos sanos y sepan si tienen alumnos con diabetes o no, porque se les pueden descomponer en el mismo colegio y no saber que tienen la enfermedad”.
Estrés, sedentarismo
y mala alimentación
La incidencia de la diabetes crece año a año en el país y el mundo, tanto en personas adultas como en jóvenes y niños, e incluso en recién nacidos: “Siempre aparecen casos de chicos recién nacidos que empiezan con una diabetes. A veces es transitorio, es decir que evoluciona durante un tiempo y sola va desapareciendo”, relató Greco.
Aunque una de las causas de la enfermedad se vincula a factores genéticos, su constante incremento se encuentra relacionado con distintos hábitos de la sociedad actual.
Desde Cradi sostienen que “el ritmo de vida, la mala alimentación, estar más tiempo frente a una computadora y no hacer tanta actividad física” son prácticas que vuelven a la población más propensa a contraer diabetes.
En el mismo sentido se expresó la pediatra local, quien consideró que factores ambientales como el estrés, el sedentarismo y los cambios en la alimentación son los principales desencadenantes de esta enfermedad.
“La modernidad ha llevado a que los dos padres trabajen, entonces se perdió el hábito de una buena alimentación de los chicos porque la mamá no está. Los chicos que tienen más suerte tienen un personal que hace la comida, pero la mayoría come cosas de rotisería, que no digo que sean malas pero no están hechas como en la casa. Y muchos chicos están a cargo de sus hermanos mayores o llegan a la casa y ellos solos se tienen que preparar algo de comer”, describió Greco.
Y continuó: “Todo eso lleva a que el chico esté mal alimentado, que tenga demasiadas cantidades de harina, de hidratos de carbono, de azúcares”. Así, en personas que poseen una cierta predisposición genética, el exceso de este tipo de alimentos termina favoreciendo la aparición de la diabetes.
El estrés es otro de los factores que influyen notablemente en esta enfermedad. “Hay muchos casos en los que, cuando uno hace el interrogatorio y averigua que le pasó al chico días o meses antes de desencadenar una diabetes, aparece una separación, un cambio de escuela, la muerte del abuelo o de un familiar, haber visto un accidente terrible donde se mató un amigo. El chico tenía la posibilidad de hacer una diabetes y ese estrés, esa situación de mucha angustia la desencadenó”, explicó la médica local.
Lucía Maina
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