"Se está juzgando el cambio cultural más espantoso que tuvo el país"

"Se está juzgando el cambio cultural más espantoso que tuvo el país"
El periodista Eduardo Anguita declaró ayer como testigo "de concepto" en el juicio contra represores. Dijo que tiene esperanzas de que se conozcan "los documentos secretos que hacen que muchos de los genocidas comiencen a hablar como lo está haciendo Videla".
“Los rasgos de cultura autoritaria, conservadora y de miedo que han quedado en la Argentina son todavía huellas que estamos percibiendo día a día, de modo tal que un Tribunal dé lugar a que se pueda reflexionar, puedan conocerse las circunstancias que rodean cada uno de los crímenes que se cometieron, me parece que estamos hablando de una justicia madura”, señaló el periodista Eduardo Anguita al declarar ayer como testigo “de concepto” en el juicio contra veintitrés represores de la región acusados de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar.

Ante un salón casi colmado, Anguita fue el primero de los testigos en declarar en la audiencia de ayer ante los jueces que conforman el Tribunal Oral Federal de Neuquén.

En su testimonio, además de describir su actividad como militante en la Juventud Estudiantil Católica y posteriormente, a partir de 1966, en la organización del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Anguita abordó diversos aspectos de la vida política argentina y las consecuencias que tuvo la represión en vastos los sectores de la sociedad.

El autor del libro “La voluntad”, que ofrece un recorrido por la historia de la militancia revolucionaria en Argentina y que escribió con su colega Martín Caparrós, subrayó que los hechos que se están ventilando en estos juicios en el país, “si uno no los contextualiza, si uno no los interpreta, me imagino que para los jueces es imposible”. Y destacó que “no se está juzgando un robo de gallinas” sino “el cambio cultural más regresivo y espantoso que tuvo la Argentina desde su fundación".

Anguita contó que estuvo preso por más de once años, desde el 6 de septiembre de 1973 hasta el 24 de junio de 1984 en la Unidad Penitenciaria 9 de Buenos Aires. “Caí preso junto a varios compañeros durante el asalto al Comando de Sanidad del Ejército con el objetivo de robar armas”, aclaró.

Afirmó que las cárceles fueron "lugares de resistencia" y recordó que los carceleros les decían: "Ustedes van a salir de acá muertos o quebrados". "Los presos tratamos de mantenernos sanos, equlibrados y no egoístas, y sabíamos que al salir íbamos a estar al servicio de dar testimonio de lo que habíamos vivido y que tenía que ser un testimonio colectivo".

Sostuvo que su deseo de estos juicios es que “permitan que haya un acto reparatorio para las víctimas, para los familiares de los desaparecidos, en el sentido de que finalmente se cumpla la justicia, que haya un hecho institucional muy fuerte para que la democracia argentina nunca más tenga impunidad. Y de esa manera ninguna de las resoluciones de los tribunales que están juzgando pueda ser después borrada por indultos, leyes de perdón que beneficien a quienes hayan sido condenados”.

Por otra parte, expresó que mantiene la esperanza de que se conozcan “cuáles fueron los planes, me refiero a los documentos secretos que tienen pactos de silencio y que hacen que muchos de los genocidas comiencen a hablar, como lo está haciendo el genocida Videla”. Consideró que “la presión" de los juicios provoca que “algunos de los responsables empiecen a hablar”.

Reconoció que en Argentina “muchos de estos genocidas perpetúan un grado de impunidad que los juicios tienen que hacer lo suyo para que esta gente finalmente hable, no con la tortura, con el maltrato o con el sometimiento, sino con la dura ley”.

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