La justicia que no llega a tiempo no es justicia

Los conflictos que no se resuelven rápido y bien escalan sin límite. Miles de causas vecinales y de menor cuantía tardan un promedio de cuatro años en terminar, y la justicia que no llega a tiempo puede no ser justicia.
También en ocasiones el vecino -desalentado por la lentitud- renuncia a utilizarla en asuntos de escasa relevancia económica y en aquellos que no revisten relevancia jurídica o social.

La latencia de esos conflictos sin resolución suele horadar la convivencia, y con el tiempo, sólo empeoran.

La creación de la justicia de vecindad brindaría al porteño un procedimiento abreviado y no costoso para resolver conflictos de medianeras, locaciones, de propiedades horizontales, entre otros tantos asuntos de vecindad que hoy abarrotan a los prestigiosos juzgados civiles nacionales, instancias que debieran abocarse a problemáticas complejas.

Permitirán también una más eficiente organización de los servicios de Justicia en la ciudad.

Además los propios jueces civiles nacionales son los principales interesados en un convenio para derivar también las causas de menor cuantía a los tribunales vecinales que debemos crear.

En una justicia de vecindad la informalidad, la celeridad e inmediatez permitirán a los jueces conocer la historia que cuenta cada parte, sin que intermedien engorrosos expedientes que los alejan de la Justicia.

La oralidad se ha revelado exitosa al innovarse en la experiencia piloto abierta por la Cámara Nacional en Juzgados Civiles de primera instancia.

Tenemos una buena base de aprendizaje, ya que la ciudad de Buenos Aires tiene una experiencia de 16 años en materia de mediación prejudicial y comunitaria, que, si se combina con los futuros tribunales vecinales, organizado en un sistema mutipuertas, resolvería los conflictos en tiempo razonable y a un costo accesible a cualquiera..

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