Frente a los cuestionamientos de la sociedad, el Poder Judicial debería buscar herramientas para mostrar su trascendente labor.
“Me decepciona el Poder Judicial”, resaltó el último miércoles Ricardo Cejas, viudo de Carmen Marcovecchio, una de las vecinas de Cipolletti que murió en la denominada Masacre del Laboratorio.
Todavía no se observa una mirada hacia adentro de los integrantes de este poder del Estado que es fundamental para la sociedad. Tampoco una mayor apertura que favorezca la difusión de su trabajo; a esta altura ya no alcanza con el latiguillo de que los “jueces hablan por sus sentencias”. Estructuras vecinas como el Poder Judicial neuquino y otras, de mayor envergadura, como la Corte Suprema de Justicia de la Nación exhiben un gran protagonismo a la hora de informar al conjunto de las personas con plataformas virtuales que se renuevan en forma periódica. En definitiva, todo lo que pasa por manos de jueces y funcionarios subalternos es información pública y tanto juzgados como cámaras criminales cipoleñas deben facilitar el acceso de la prensa a ese material. Paralelamente, pueden y deberían instruir a los periodistas para un correcto tratamiento de fallos y decisiones judiciales para el beneficio del conjunto de las personas.
Algunos magistrados comprendieron el destacado papel que cumplen y participan activamente de las reuniones del Consejo de Seguridad Ciudadana. En ese marco, brindan sus opiniones y los representantes de las distintas organizaciones tienen oportunidad de consultarlos sobre los temas que les preocupan.
Quizás esos funcionarios están marcando un camino de mayor acercamiento con un pueblo que los requiere como líderes y ejecutores de una justicia que hasta ahora la ven lejana y poco efectiva.
El desafío está abierto para un Poder Judicial que se merece respeto y no insultos.
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