El pasado jueves 26 de mayo, en la sesión del Concejo Deliberante, el concejal Leandro Laserna señaló: “Se ha logrado el objetivo de esta gestión de tener una sociedad más justa e inclusiva para todos”. Notable pieza discursiva propia de quien vive aislado y ausente de lo que le ocurre a esta comunidad.
Convencidos de que “los votos son de Gustavo”, todos hacen abluciones de compromiso para gustar al propietario de los votos de AM. Es un esquema al estilo del que llevó a cientos a la muerte en Guyana por seguir al reverendo Jim Jones. Pulti actúa como “el líder”, sólo delega su poder de decisión ante un ídolo -pagano en este caso-, Florencio Aldrey Iglesias, y subsume al resto a su capricho. Vale recordar que al inicio de esta gestión, un ex funcionario hablaba en los medios de “los derechos del Intendente”.
En las referencias al caso Guyana y la muerte de sus 904 seguidores, se señala: “Las sectas buscan personas amistosas, obedientes, altruistas y maleables porque son fáciles de persuadir y de manejar. Usan el sentimiento de culpa y la presión social como sus principales métodos de control”.
La interpretación de estos hechos, las sectas y su modo de reclutamiento es claro: grupos pequeños, un líder autorreferencial, y poca o ninguna capacidad de rebelión ante el poder establecido. Así transcurre hoy la situación de manejo (o desmanejo, según se lea) de la cosa pública en Mar del Plata.
Pulti está tan desbordado en su idea de sí mismo, que ha alucinado con ser integrante, junto a Daniel Scioli, de la fórmula a la Gobernación de la provincia de Buenos Aires. Negada esta posibilidad, arguye no presentarse como un modo de castigo; su falta de capacidad para comprender la realidad lo lleva a extremos como sostener que Ariel Ciano sería un buen candidato a la Intendencia, o empujar a Pablo Fernández Abdala a despellejar el nombre y fama de Marcelo Artime en cada ocasión que se presente oportuna. Cuando es público y notorio que Fernández Abdala, en términos políticos, le debe a Artime seguir en funciones en esta gestión.
La obsesión paranoide de Pulti para con Artime ha llevado a la devastación de las expectativas políticas que el arquitecto tenía respecto a ser un eventual sucesor por AM al gobierno comunal. Tal como están las cosas, en el próximo octubre, Acción Marplantense va camino de su propia jornada de extinción. Ni justa ni solidaria, sólo final.






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