Con una fiesta como se merece un mega-empresario, como lo es Juan Carlos Romero, el dueño de ERSA, es decir el más influyente de los prestadores del servicio público del transporte urbano de la región, festejó el pasado fin de semana su cumpleaños.
lo hizo rodeado de sus ilustres amigos como el intendente Carlos “Camau” Espínola, con quien lo une el objetivo de llevar a dos con veinte el precio del boleto del pasaje de colectivo de la ciudad Capital de los correntinos y otros tantos del ambiente político, social, cultural y deportivo del medio , con quienes compartió un exquisito menú, regado con el mejor vino y la más deliciosa champaña. No escatimó en gastos Juan Carlos, quién también tuvo espacio en su fiesta para otros amigos no tan ilustres, o por lo menos conocidos por cuestiones algo oscuras, como por ser, por ejemplo , protagonista, de uno casos más sonados de corrupción que enlodó la administración de Arturo Colombi, que ahora tiene que andar penando por los tribunales para aclarar estas cuestiones. Tal es el caso de Diego Mosquera, que acompañado por su esposa, compartió las delicias que se sirven en un evento como el de la ocasión, rememorando viejos tiempos, aunque no tan lejanos, cuando hacia de anfitrión en las famosas veladas que organizaba desde la secretaría privada de la Gobernación, donde tampoco se escatimaba en gastos y en las que el principal invitado para deleite de su jefe, era un tal Luigi Bosca. Otros tiempos Diego, que gracias a un amigo de ley –por favores recibidos- no se olvida aún en las malas.
Aunque algunas malas lenguas de algunos de los asistentes al festín, sostienes que se les escuchó entre susurros un intercambio de consideraciones a “Camau”, Juan Carlos y Diego, que propiciaban algo así como oxigenar al Arturismo, aunque sea solo para mantener alterado a Ricardo, y sumar así un malestar político al buen trabajo de degaste que en el campo gremial vienen llevando los amigos, sobre todo del sindicalismo docente. En fin, habrá escuchado bien este invitado que dijo que no estar catalogado ni entre los invitados ilustres ni de los otros, o el delicioso champaña le turbó la audición, ambas cosas pudieron suceder, el ambiente era propicio para todo.
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