Ser gay en Junín: las dificultades para “salir del closet” y vencer prejuicios

Miembros de la agrupación Diversidad Junín afirman que no es fácil vivir su sexualidad plenamente y que, al no haber lugares de encuentro para homosexuales, cuesta conseguir pareja. “Hay que ser un poco pionero y tomar riesgos”, aseguran.
La comunidad homosexual de la Argentina ha obtenido varios logros durante los últimos años. De hecho, la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010 permitió que miles de parejas de homosexuales formalicen sus relaciones e incluso puedan adoptar niños.

Sin embargo, los patrones sociales y culturales hetero-normativos que atraviesan a la sociedad siguen ubicándolos en el lugar de la “otredad”, una situación que lógicamente causa malestar entre los homosexuales y que se hace visible sobre todo en ciudades pequeñas como la nuestra.

En diálogo con DEMOCRACIA, dos de los miembros de la agrupación Diversidad Junín –que prefirieron mantener sus identidades en reserva- dieron testimonio de las dificultades por las que deben pasar tanto a la hora de manifestar sus sentimientos, como al momento de encontrar pareja, y aseguraron que, en nuestra ciudad, es difícil “salir del closet”.

Descubrirse a uno mismo

Juliana tiene 30 años y hace tres que descubrió su verdadera orientación sexual. Estuvo once años en pareja con un hombre, con quien tuvo a su pequeño hijo, Camilo, que hoy ya tiene seis años.

“Hasta hace tres años tuve una vida muy heterosexual. De hecho, tengo un hijo”, cuenta la mujer, en diálogo con este diario, y explica: “Después hubo un cambio bastante radical. Supongo que hubo un proceso interno al que quizás no le presté tanta atención, hasta que llegó un momento que explotó”.

En el caso de Juliana, esa ‘explosión’ se dio de manera bastante abrupta, aunque no menos pensada: “Hice los cambios como para cuidarme a mí, cuidar a mis seres queridos y al papá de mi hijo. Cambié mi vida y en estos tres años tuve un proceso tranquilo para con la sociedad”, explica.

En el caso de Juan (17), el “descubrimiento” de su sexualidad fue a una edad más temprana, cuando el año pasado cursaba el cuarto año de sus estudios secundarios.

“Entré en la agrupación (Diversidad Junín) a fines del año pasado. Hacía cinco o seis meses que me había asumido y la verdad es que me ayudó mucho”, asegura y cuenta que si bien su madre aceptó su condición, aún siente un fuerte rechazo por parte de su padre, quien por una “cuestión generacional” no acepta su elección.

“Ciertas actitudes de él me dan bronca. A veces vas a la casa de un amigo y si llegás tarde, sospecha. Pero, por otro lado, lo entiendo. Cada uno tiene su opinión y cada uno creció a su manera. Pienso que con el tiempo se va a ir aflojando un poco más”.

La mirada del otro

A pesar de haber dado un gran paso en sus vidas, Juliana y Juan tienen un largo camino por recorrer: intentar, por medio de sus acciones, que la sociedad juninense deje de ubicarlos en la vereda de enfrente y comience a vivir con naturalidad las diferencias, inherentes a todos los seres humanos.

Hoy, mientras, se ven obligados a “ocultar” sus preferencias en muchos ámbitos, sólo con el fin de evitar la mirada acusadora de los otros.

“A mí en Junín me da ‘cosa’ andar de la mano; no me animo. Cuando andaba de la mano con el papá de mi hijo, no tenía la sensación de que me estaban mirando, pero hoy si me cruzo con un alumno sé que el lunes tengo que dar explicaciones”, asegura Juliana, profesora de música, y agrega: “Hay una homofobia internalizada que es cultural y que te hace sentir que estás fuera de lugar”.

En el mismo sentido, Juan sostiene que es la cultura dominante la que marca qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, y que ser homosexual no está bien visto socialmente.

El hecho de reconocer públicamente la homosexualidad implica, según Juliana, un gran trabajo, “sobre todo en Junín, en donde casi no se ven homosexuales caminando de la mano por la calle”.

“En Junín es como que tenés que ser un poco pionero y tomar algunos riesgos”, asegura.

Dificultades para encontrarse

El encuentro y la conformación de parejas suele ser otro obstáculo para la comunidad homosexual local que, al no tener un lugar propio al cual salir a divertirse, ve limitadas sus posibilidades.

“Acá no hay un lugar al que podamos ir. O vas a un boliche hetero y te hacés pasar por hetero, o no salís”, afirma, tajante, Juan. Y Juliana agrega: “La idea sería que uno pueda salir a donde quiera y conquistar a quien quiera. Pero si yo voy a un boliche hetero y veo una chica que me gusta, puede ser que si le digo algo se escandalice un poquito. Se espera que las parejas que salen de los boliches sean heterosexuales”.

En este sentido, los entrevistados establecen una diferencia con las grandes ciudades, en las que se puede ir a boliches para gays y lesbianas –aunque, aclaran, aceptan también a heterosexuales-, teniendo la certeza de que nadie va a ser rechazado por su condición.

“Yo he escuchado a varones decir: ‘todo bien con los gays, pero que no vengan y me encaren’. Entonces, no está todo bien, estás mintiendo”, dice Juliana, algo indignada. “Esa reacción hace que uno no tenga ganas de ir a un lugar heterosexual”, agrega.

En este orden, confiesa que las relaciones sentimentales que ha establecido durante estos años fueron a través de Internet, medio en el que encontró foros específicos para conocer gente.

Homofobia

Las dificultades que deben atravesar los homosexuales están relacionadas muchas veces con la homofobia, un sentimiento que implica la subestimación y el desprecio por quienes tienen una orientación sexual diferente.

“Me ha pasado de ver comentarios terribles por Facebook. En esos casos discutía, sobre todo porque pienso que debe haber chicos más chicos, que recién están asomándose y no está bueno que la gente haga chistes sobre el tema”, dice Juliana.

“La gente salta si se le hace un chiste a un negro o a un discapacitado, pero si hacen un chiste sobre gays nadie dice nada. La televisión fomenta eso. Mirás un canal y constantemente se hacen chistes”, agrega Juan, quien sin embargo asegura que prefiere no contestar las agresiones y dejar que cada quien piense lo que quiera.

Las actividades de la agrupación

Diversidad Junín nació en 2011 gracias al empuje de Bernardo Avaca, un joven que ya formaba parte de una agrupación de Rosario y que quiso trasladar la movida a nuestra ciudad, con el fin de integrar a las minorías y luchar contra la discriminación.

Desde su creación, la organización realizó varias “mateadas”, en las que los participantes compartieron buenos momentos, con debates, charlas y propuestas incluidas.

Entre los proyectos más inmediatos, sobresale la realización de una jornada de cine-debate, la organización de una fiesta y distintas tareas de concientización, entre las que se incluye el reparto de preservativos en la Laguna, durante el Día de la Primavera.

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