Junín: más de 3.500 casos de violencia familiar fueron denunciados en un año

Las cifras –pertenecientes a 2011- fueron suministradas desde el área de Prevención y Asistencia en violencia familiar del Municipio, desde donde se realizan tareas de contención y se brinda asesoramiento legal a las víctimas.
Más de 3.500 casos de violencia familiar fueron denunciados durante 2011 en las oficinas municipales del servicio de Prevención y Asistencia en Violencia Familiar o Doméstica, dirigida por Adriana González.

Allí, las víctimas se acercan en búsqueda de contención y asesoramiento legal, que reciben de personal especialmente capacitado.

"Atendemos principalmente a mujeres, ellas se acercan y nosotros les ofrecemos ayuda psicológica o legal. Luego seguimos en contacto permanente con ellas para ver cómo evoluciona la situación en el hogar. Nunca tratamos con los familiares, solo con la víctima", explicó González.

"Dada la reincidencia que hay en estas situaciones, es importante el acompañamiento terapéutico para saber qué pasa y qué no", agregó la licenciada.

Desde el área se realizan diferentes actividades para prevenir la violencia familiar, tales como charlas y talleres en escuelas y difusión en los medios locales: “Es muy importante que se conozca el trabajo que realizamos, ya que nosotras no nos enteramos de los casos si no se acercan a la Municipalidad”, sostuvo.

El equipo de trabajo está conformado por Yanina Pischelli, Daniela Mansilla y Ana Gamazo, quienes trabajan bajo la consigna: “Quien pega para enseñar, está enseñando a pegar”.

No sólo golpes

Los especialistas en la temática destacan que la violencia familiar o doméstica no sólo tiene que ver con los daños físicos, sino también con los psicológicos.

En este sentido, las amenazas, las agresiones verbales, la manipulación por medio de los hijos y la perturbación de la autoestima también forman parte del círculo violento y enfermizo en el que cada vez más mujeres se ven envueltas, sin distinciones de clases sociales ni fronteras territoriales.

En el ámbito local, aunque cada vez más mujeres piden ayuda para salir del circuito en el que se encuentran insertas, realizar la denuncia sigue siendo la decisión que más cuesta.

Conceptualizar el terror

Una de las grandes dificultades que tienen las víctimas es la conceptualización de la situación, ya que por lo general marcan una diferencia entre la violencia y todas las formas que ellas no reconocen como tal.

“Es la primera vez que me golpeó o me amenazó”; “él antes me gritaba, me insultaba, pero nunca fue violento”, son las frases más comunes que se escuchan durante los primeros minutos de entrevista en los centros de atención especializados.

Sin embargo, la experiencia indica que no tardarán en girar el discurso para citar recuerdos tales como empujones que no consideraban violencia, o declarar que sus maridos no las dejaban manejar dinero o les controlaban sus amistades.

La justificación o la culpa es un condimento interiorizado en el relato de la víctima: “reaccionó así porque me encontró hablando con mi amante”; “él me pegó, pero siempre me dio todo y yo lo desquicié” o “vino tomado, por eso reaccionó así”.

La primera tarea de los profesionales es escucharlas, comprenderlas y acompañarlas, además de darles toda la información que les falta.

La clave, aseguran, es no minimizar el riesgo ni abandonar los casos en los que se reconcilian. El victimario o violento siempre va a encontrar argumentos para excusarse y convencer a la víctima de que él tenía su razón para golpearla.

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