Las finanzas del Gobierno porteño están ajustadas y la falta estructural de fondos comenzó a derramarse en áreas clave que afectan directamente a los vecinos. Y a la gestión. Una de las primeras muestras es la considerable reducción del presupuesto destinado a pavimentar las calles.
El tijeretazo presupuestario es preocupante y este año se redujo con mucho más fuerza que en los años anteriores, algo que preocupa a los técnicos que llevan los números del Ministerio.
En 2008, el primer año de gestión de Maricio Macri, la cantidad de recursos para pavimentar significaba $ 304 millones, en $ 2009 se sintió el primer cimbronazo cuando se recortó hasta los $ 220 millones. Pero el golpe más fuerte llegó este año, con menos de un tercio de lo que se presupuestó para el primer año del PRO en la gestión, con apenas $ 91 millones.
En un esquema de emergencia, los arquitectos financieros del Gobierno debieron tejer un plan para conseguir más fondos para tapar baches, el maquillaje urbano que más beneficia la imagen del jefe de Gobierno y que más gratifica a los vecinos.
La idea es tapar unos 2.500 baches para fin de año, que significaría la mitad de los 5 mil pozos diseminados por las calles de la Comuna.
Para eso se necesitan entre $ 120 y $ 200 millones que deberían ser reasignados presupuestariamente y aprobados por la Legislatura. Por lo que el Gobierno deberá postergar o subejecutar alguna otra partida destinada a obra pública.
Consultados al respecto, voceros del Ministerio de Desarrollo Urbano juraron que no estaban al tanto de tema.
Hace unos días –en un interesante ardid de marketing político– el Gobierno porteño anunció que se arreglará el pavimento de siete avenidas “importantes” como Rivadavia, Libertador, Juan B. Justo y Figueroa Alcorta. Olvidaron mencionar cuál será el triste destino del resto de los baches de la Ciudad.
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