El tradicionalista Augusto Díaz dice que la postergación de festejos patrios trae aparejado el desconocimiento de la identidad nacional
Apasionado por la historia, desmenuza cada hecho como si tuviese un escalpelo en mano. "Las fechas patrias traen aparejadas luchas y encuentros. Nos llevan a rendir culto mediante diversos actos, como los desfiles cívicos militares, son conmemoraciones del pueblo", ilustra. Tras repasar hechos clave que precedieron a la independencia del país, recuerda que el último gran desfile que se hizo en la provincia fue con la presencia del entonces presidente Fernando De la Rúa, en 2001: "el 9 de Julio es una fiesta nacional que está por encima de otros hechos. Es impresionante lo que se percibe cuando se pasa a caballo, con la bandera. Los gritos de la gente ensordecen y uno se siente representante de esas huestes primarias ante un público actual al que le aflora la argentinidad cuando nos ve pasar", se emociona. Recuerda que al año siguiente iba a realizarse, pero que por conflictos políticos y sociales, se suspendió.
"La destrucción de la cultura es un problema que viene desde hechos como la colonización. En los planes de estudio, por ejemplo, se le da más importancia a la guerra de Troya que a la de la Independencia. Sabemos de mitología y no somos conscientes de que hablamos quichua todos los días, cuando decimos cancha, chuy o tuy, que son términos de esa lengua. Y esto no sólo es en desmedro de la cultura propia, sino que trae aparejado el desconocimiento de la identidad nacional", condenó.
Asimismo, remarcó que el hecho que durante tantos años se priorizaran actos por sobre desfiles "es una afrenta que nos ofende como habitantes del suelo". "Es denigrante cuando un presidente, sea quien sea, se niega a asistir al Tedeum, es doloroso. A su vez, peor si agregamos un acto político, es ridículo. Porque el 9 de Julio no pertenece a un partido sino a la ciudadanía", concluyó el gaucho.

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