Aquel día pasó inadvertido para los mendocinos comunes. La comunicación oficial llegó recién a fin de mes y el 8 de agosto el gobernador y sus tropas juraron el acta de Independencia.
Muy poco se sabe sobre lo que ocurrió verdaderamente aquel 9 de julio de 1816 en Mendoza. Aunque en la actualidad la mayoría de nosotros podríamos pensar que ese mismo día se festejó simultáneamente lo que ocurrió en Tucumán, los hechos nos dicen lo contrario.
En aquel tiempo, la vida era muy distinta: no había ni radio, ni televisión y muchos menos las noticias on line.
El mundo se movía muy lentamente y el enterarse de un gran acontecimiento tardaba más de un mes. Lo cierto es que cuando nos independizamos del reino de España, en la capital cuyana este acontecimiento trascendental pasó desapercibido. Veamos qué ocurrió ese día.
Mendoza de paja y barro
Aquella Mendoza de 1816 era una pequeña aldea. Sus casas eran bajas, de adobe con techos de cañas o quincha y pintadas de blanco a la cal. Sobresalían cuatro templos que eran las edificaciones más elevadas y mejores construidas. A su calle principal se la conocía con el nombre de la Cañada -hoy Ituzaingó-.
Allí, las damas y caballeros más distinguidos de la sociedad mendocina iban de compras o simplemente a tomar un café -costumbre que sigue en la actualidad. También por aquel tiempo emergía de moda un nuevo paseo al oeste de la ciudad, la Alameda.
Existían dos plazas: la Mayor - actual Pedro del Castillo- y la nueva -hoy plaza Sarmiento-. La última era el límite del centro de la urbe, luego comenzaban los “extramuros”, la periferia. En el este se ubicaba el Hospital San Antonio y varias haciendas de encumbrados personajes.
Otros de los emblemáticos edificios era el Cabildo, donde se trataban todas las cuestiones políticas de Cuyo. Se encontraba en la misma Plaza Mayor, al igual que la Aduana y el Correo.
En 1816, la situación política y militar del territorio era crítica.
Los realistas se encontraban en Chile y amagaban a invadir el territorio de Cuyo. Mientras tanto, el entonces gobernador coronel mayor José de San Martín, tenía preparada la defensa con un pequeño ejército en caso de una posible penetración por los pasos cordilleranos.
En Buenos Aires, luego de la destitución de Alvear en 1815, se decidió cambiar el modelo político. El proyecto era la formación de un congreso con el principal objetivo de declarar la independencia y adoptar una Constitución que organizara el Estado (ésta tardó más de 40 años en ejecutarse).
A mediados de junio de ese año, el Cabildo de Mendoza eligió como sus representantes a los doctores Juan Agustín Maza y a Tomás Godoy Cruz, quienes participaron en la primera sesión, el 20 de marzo de 1816.
Dos meses después fue elegido Juan Martín de Pueyrredón como director supremo de las Provincias Unidas de Sud América.
Aquel 9 de julio en Mendoza
Aquel martes 9 de julio de 1816 fue un día normal para los habitantes de Mendoza. Los negocios abrieron sus puertas a las 10 de las mañana. Como era costumbre, por las polvorientas calles, los vendedores ambulantes pregonaban y ofrecían sus mercancías.
Mientras tanto, el gobernador intendente de Cuyo, coronel San Martín, no se encontraba en su despacho. Se había ido a Córdoba para concretar una reunión con el flamante director supremo brigadier Juan Martín de Pueyrredón.
En su reemplazo como responsable en el mando militar y político se encontraba su amigo el brigadier Bernardo O'Higgins. Durante la mañana, O'Higgins estaba muy ocupado con la ampliación del campo de instrucción en las afuera de la ciudad.
Dio órdenes a sus oficiales de que las carretas llevaran materiales para la construcción de otras barracas. También sesionó en el Cabildo junto a sus vecinos representantes. Entre otras cosas, ejecutó la rutinaria revista de tropa, en diferentes cuarteles en la ciudad.
Al mediodía, todo el comercio volvía a cerrar sus puertas para que los habitantes pudieran almorzar y luego dormir la tradicional siesta. Luego, a eso de las 17, los negocios volvieron a su acostumbrada atención hasta las 20, hora en que las campanas de los templos llamaban los feligreses a asistir a misa.
Más tarde, algunos vecinos de la alta sociedad mendocina realizaban las habituales tertulias invitando a ilustres personajes como los Sosa y Lima, los Godoy, los Benegas, los Maza y la señora del gobernador.
Así, la mayoría de la población no tenía idea sobre qué estaba pasando en la ciudad de Tucumán. Fue un día como cualquier otro, pero a fines del mes llegaría la noticia: en aquel congreso realizado en Tucumán se había declarado la independencia de España y de toda potencia extranjera.
Pasó un mes y el 8 de agosto el gobernador y sus tropas realizaron una ceremonia jurando todos el acta de independencia; y se llevaron a cabo grandes festejos por varios días.
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