El Gobernador declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal que juzga a seis ex militares por la represión ilegal posterior al golpe de Estado de 1976. El testimonio del primer mandatario duró más de tres horas.
Gioja declaró durante poco más de tres horas en la causa en la que están procesados los represores Jorge Olivera, Benito Martel, Antonio Lazo, Daniel Gómez, Horacio Nieto y Gustavo De Marchi, por secuestros y torturas a más de 60 personas, cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
Durante su declaración, el Gobernador relató que fue detenido en su trabajo como interventor del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) el 29 de marzo de 1976, cinco días después del golpe de Estado, “por dos policías que me llevaron a la Central de Policía, donde me golpearon y me vendaron los ojos, me pusieron una capucha y me ataron las manos atrás”.
El mandatario supuso que su detención se debió a su característica de militante y funcionario del gobierno, y porque como interventor del IPV, había sacado de las listas de adjudicatarios del barrio Soldado Argentino, a varios militares “que no cumplían con los requisitos”.
Gioja contó que “ese barrio se construyó por el sistema de esfuerzo propio, donde los adjudicatarios tenían que trabajar unas 500 horas en construir las casas” y que “los militares trabajaron 10 ó 20 horas y no fueron más y por eso fueron reemplazados”.
Torturas
Gioja contó que fue trasladado a la ex Legislatura Provincial, “donde había otros detenidos en las mismas condiciones, hacinados y tirados en el piso” y que en ese lugar sufrió “dos o tres interrogatorios con golpes y torturas con picana eléctrica en el pecho y en los genitales”.
Además, dijo: “Me soltaron las manos y me dieron un arma para que me suicidara”, pero “no lo quise hacer porque tenía que vivir por mi hijo recién nacido y por mi esposa”.
Luego fue trasladado al Penal de Chimbas junto a otros detenidos, ya que “para ellos éramos subversivos, pero que en realidad éramos presos políticos” y que en el Penal sufrió “3 ó 4 interrogatorios más con la misma metodología de golpizas y torturas, preguntando por compañeros de la JP y del gobierno y por las casas del IPV”.
Sin ver
Gioja se ocupó de aclarar que “nunca vi a quienes me torturaban e interrogaban”, porque “tenía los ojos vendados y encima una capucha” y que tampoco vio torturas a otros presos, aunque sabía que “eso ocurría a cada rato y se podían escuchar los alaridos que daban los detenidos a los que les ponían una esponja en la boca y emitían un grito gutural de dolor”.
Lo que sí contó, es que vio en el Penal de Chimbas, al ex teniente Jorge Olivera recorriendo los pasillos de las celdas, lo que contrasta con las declaraciones del militar.
Juicios
Durante su detención que duró “hasta el 3 de enero de 1977”, Gioja fue “blanqueado”, es decir que dejó de estar secuestrado, al imputarlo por infracción a la Ley 20.480 de prohibición de actividades subversivas, “de lo que fui absuelto por el juez federal Mario Gerarduzzi”.
Además, señaló que también debió responder ante la Justicia ordinaria “porque me armaron una causa por mal desempeño de funcionario público, porque decían que me había quedado con 57 casas”, pero que “el juez García Castrillón me dictó la falta de méritos”.
Otra vez
Por último, Gioja contó que en la madrugada del 30 de marzo de 1977, “cinco o seis personas diciendo que eran policías, con armas y medias en la cabeza”, allanaron su casa y “se robaron cosas de mi casamiento y el auto Dodge 1500” que tenía, que meses más tarde encontró desmantelado.
Fue cuando viajó a Mendoza y luego a Buenos Aires y hasta intentó irse a vivir al exterior, “porque el ser humano busca zafar de la muerte como sea”.
Pero estando en esos trámites, nació su segundo hijo, Franco, de quien recordó que padece el Síndrome de Down “y por eso decidí volver a San Juan y que fuera lo que Dios quiera...”
El testimonio del Gobernador fue reconocido por el abogado defensor Marcelo Fernández como “el más sincero, objetivo, conciliador y emotivo que se ha escuchado hasta ahora”, y consideró que “se notó que estaba totalmente despojado de odios”.
Finalmente, antes de irse, Gioja le dijo a los periodistas que “pensé mucho en venir y ahora me he sacado un peso grandote de encima”, tras lo que deseó: “Aprendamos a ser tolerantes, porque la intolerancia no sirve para nada”. Luego se despidió gritando: “Viva la libertad, viva la democracia y viva la Patria”.

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