El juicio por delitos de lesa humanidad pasó a cuarto intermedio hasta hoy

El presidente del Tribunal Oral que lleva a cabo el mega juicio por delitos de lesa humanidad que se realiza en Salta, lamentó las demoras en este proceso, que se inició en mayo pasado y concluiría recién en marzo de 2013, según estimaciones judiciales. La audiencia seguirá hoy, a partir de las 9, con los testimonios previstos para ayer.
“Lamentamos profundamente que hoy sea un día que podamos aprovecharlo poco”, fue la frase elegida por el juez Carlos Jiménez Montilla para comenzar la jornada de la víspera, para la que se habían previsto diez testimonios pero no pudo realizarse debido al mal estado de salud del represor Carlos Alberto Mulhall, quien se encuentra internado en el Hospital Central Militar, en Buenos Aires.

La breve audiencia de ayer se hizo pasadas las 11, sólo para informar que hasta esa hora los jueces habían estado esperando que el médico de la Corte Suprema de Justicia les diera su informe.

A las 11, sin que el informe se hubiera entregado, el Tribunal decidió pasar a un cuarto intermedio hasta hoy, para cuando se pretende escuchar los testimonios pospuestos y los previstos inicialmente para hoy. “Vamos a tratar de escuchar la mayor cantidad de testimonios posibles”, prometió Jiménez Montilla al finalizar la audiencia. Es que los problemas de salud de los imputados vienen demorando aún más este proceso, que se viene desarrollando desde mayo pasado a razón de dos días por semana.

Jiménez Montilla dijo que en principio, aunque todo depende del informe médico sobre el estado de la salud del acusado, Mulhall seguiría la audiencia vía videoconferencia desde el hospital del penal de Ezeiza.

Esta decisión generó un entredicho entre el defensor oficial ad hoc Federico Petrina y el presidente del Tribunal. El defensor pidió que si se decidía el traslado de Mulhall a Ezeiza se informara a las autoridades del penal que el represor tiene prisión domiciliaria, “porque la vez pasada lo pusieron en una celda”, aseguró antes de relatar que Mulhall tenía que llamar a los gritos a los guardiacárceles cada vez que necesitaba algo”. Jiménez Montilla trataba de explicar que eso no era posible y como Petrina insistía, cerró la discusión de manera tajante.

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