El juez de la Subzona

"Hubo noches donde escuché los gritos de las mujeres", confiesa José Mario Tripputi sentado en el living de su casa y rodeado de cuadros de su autoría. Es el juez federal pampeano que llevó adelante el histórico juicio de la Subzona 14. El que desde el 12 de agosto de 2009, cuando llegó la voluminosa causa al Tribunal Oral Federal; hasta el próximo 16 de diciembre, cuando se lean los considerandos de la sentencia condenatoria, estuvo y estará a cargo de todo.
Desde buscar la sede para la realización de las audiencias hasta redactar el fallo. Desde declarar la competencia del TOF ("me ayudó Jesús los Arcos Vidaurreta, a pesar de que pudimos declararnos incompetentes") hasta citar a los testigos. Y desde supervisar la construcción del estrado hasta desvincular del juicio -no de la causa- al jefe de la Subzona, Fabio Iriart ("nos apoyamos en un informe médico de la Corte Suprema; el tribunal respetó los derechos humanos de todos").

Tripputi dice que "no es un héroe" y que hizo "lo que tenía que hacer", aunque admite que la causa hasta cambió el ritmo de su vida familiar. También reconoció que tuvo y tiene miedo. "Dios quiso que me tocara a mi y acepté. No esquivo los desafíos porque en 40 años nunca me excusé en una causa", acota.

"Los verdaderos héroes fueron los testigos, especialmente las víctimas, que se desnudaron de cuerpo y alma para contar, en muchos casos por primera vez, lo que habían sufrido -remarca-. Recuerdo especialmente el miedo de esa mujer (Ana María Martínez), que así y todo contó su historia".

-¿Le dolió que el caso de Martínez quedara fuera de la sentencia porque se produjo antes del 24 de marzo de 1976?

-Son las normas del proceso. Igualmente el tribunal mandó a investigar su caso.

Tripputi habla, y en ese hablar, agradece a los 131 testigos del proceso, destaca el gesto del Colegio de Abogados de ceder gratuitamente sus instalaciones, remarca la colaboración de la Secretaría de Derechos Humanos en la citación de las víctimas ("nos pareció muy frío convocarlas a través de una citación"), no olvida el aporte del Consejo de la Magistratura de la Nación -que aportó la filmación y pagó los pasajes de dos testigos que llegaron del exterior- y machaca que él, el secretario Ignacio Rodríguez Berdier y seis empleados, no cobraron una hora extra aunque trabajaron a tiempo completo.

-¿Contribuyó a la objetividad de la sentencia que hubiera dos jueces de afuera, sin conocimiento personal de los involucrados?

El anfitrión se toma su tiempo para responder: "Quizá permitió que estuviéramos menos atados a prejuicios".

Adelanta que "la sentencia será kilométrica" y que detallará "porqué aplicamos las penas que aplicamos". En ese punto se le pregunta porqué no hubo sanciones de 25 años, como pidieron la fiscalía y las querellas. "Acá no hubo homicidios ni desaparecidos. Partimos de la base de que el valor supremo es la vida, y a partir de ahí vamos descendiendo. En este caso el bien jurídico fue el sufrimiento humano, con la privación de la libertad personal, las persecuciones y los tormentos".

El dibujo de Perón.

Por un momento, Tripputi vuelve a su pasión por la pintura, que arrastra desde los 9 años y rememora cuando en séptimo grado, en una escuela de Rosario, dibujó a Perón. Fue después del '55, una época en que mencionarlo era mala palabra. "Parecía que hubiera dibujado al Anticristo. Me secuestraron el trabajo, fui a la dirección, le abrieron un sumario a mi madre y me tuvieron en el colegio desde las 7 hasta las 18. Yo lo tomé como un juego; mi madre, no".

-Usted se ha mostrado molesto, en varias ocasiones, con dichos de algunos testigos...

-El tribunal tuvo un rigor interrogatorio. Obviamente que no fue igual el tratamiento a las víctimas, teniendo en cuenta sus sufrimientos. Pero fíjese que se le preguntó en forma más severa a los que estuvieron en los lugares donde las víctimas dijeron que estuvieron detenidas.

-¿Sintió que alguien le mintió en la cara?

-El policía que le dijo eso al entonces jefe de Policía en el '76... (NdeR: aludió al comisario Juan Domingo Gatica, quien afirmó que fue a ver a Baraldini para decirle que era "un malandra con título militar").

-¿Quedó en deuda por no haber juzgado al prófugo Baraldini?

-Se hicieron una gran cantidad de diligencias para ubicarlo, que no puedo dar a conocer. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para dar con él.

-¿Y quién fallo, la Justicia o el gobierno?

-Por acción u omisión del Estado, no estuvo en el proceso.

-Más allá de su condición de juez, cuando escuchaba los relatos, ¿podía abstenerse como ser humano de las sensaciones y vivencias que transmitían?

-Pensaba que las mujeres, que fueron mayoría entre las víctimas, tenían la misma edad que yo cuando me puse de novio con mi mujer. Pensaba en el sufrimiento que vivieron apenas salidas de la adolescencia. Es muy difícil decir que esas cosas no afectan. Porque, ¿cómo debe ser un juez? Humano. ¿Y cómo debe valorar el dolor? Viendo a los ojos y descubriendo los gestos de quienes declaran. No hay un dolorcímetro (sic) para medir el dolor.

Cuando se le pregunta por Marín, contesta que "nadie puede quitarle el mérito de haber dado el puntapié inicial" de la investigación, y de que el sumario administrativo esté mencionado en el libro "Nunca Más". Y agrega: "A los 61 años me puedo permitir decir algunas cosas, como que la argentina es una sociedad ingrata y ciclotímica".

-¿Qué sintió al leer la sentencia?

-Pasaron muchas cosas por mi cabeza. Me sentí distinto, no cuando la iba leyendo, sino al final, cuando me levanté e iba caminando por el pasillo. Tuve que tomarme un vaso de agua porque tenía un nudo en la garganta.

-¿Qué cosas pasaron por su cabeza?

-Pensé en mi madre, porque ella, desde otro lado, también sufrió mucho.

"Estoy muy tranquilo -expresa el juez-. No digo que me alegra ver el sufrimiento humano, tanto de víctimas como de imputados, pero los jueces penales estamos obligados a ver las desgracias humanas. No somos un comerciante de autos o un agente de viajes que venden felicidad".

-Si alguno de los imputados hubiera dicho la verdad y hubiera admitido lo que pasó, ¿podría haber recibido una pena menor?

-Es una buena pregunta... Me voy a reservar la respuesta.

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