Sin Juez y con Mestre atado, DLS ganó por KO

Los jefes de los partidos opositores al peronismo, cedieron ayer el ring y dejaron que José Manuel de la Sota se paseara por el cuadrilátero político con los puños levantados.
Luis Juez y Ramón Mestre, los jefes de los partidos opositores al peronismo, cedieron ayer el ring y dejaron que José Manuel de la Sota se paseara por el cuadrilátero político con los puños levantados; victorioso, intratable.

Sus decisiones tienen motivos distintos; pero la consecuencias la misma: un sistema político en el cual el oficialismo goza del monopolio del discurso. Esta ausencia no sólo se siente en las bancas, sobre todo se nota en la discusión pública.

Ayer, Luis Juez –referente del principal bloque– optó por no ir al recinto. Los legisladores de su bloque tampoco se quedaron a esperar que los micrófonos llegaran al hall de acceso al recinto. Se fueron.

Ramón Mestre sí fue. Se sentó a la derecha del recinto, cerca de la bancada radical, junto con Marcelo Cossar, el viceintendente de la ciudad. Pero no efectuó ninguna crítica. Tampoco los legisladores de ese partido lo hicieron. También se perdieron en los pasillos.

A Juez lo persigue aún el fantasma de la dura caída a la lona en agosto; y una paliza electoral en su bastión, la ciudad de Córdoba, en septiembre.

La mudez de los radicales tiene su origen en la soga financiera que De la Sota le prometió a Mestre.

Aún desde una lógica opositora, el discurso de De la Sota hubiese permitido críticas válidas: cualquier gobierno deja flancos, sobre todos después de 12 años de gestión.

Los líderes opositores podrán decir que no es cierto, que es mentira que abandonaron las críticas; pero como hecho simbólico, “EL” momento que tienen para marcar la cancha al gobernante es después del discurso de éste ante la Legislatura. Ayer, no lo hicieron.

Por ahora, todo es De la Sota.

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