Juez como el tero (cobra $ 23 mil y aquí finge para la tribuna por $ 14 mil)

Nuevamente Luis Juez ha vuelto a demostrar que es como el tero: grita en un lado y pone los huevos en el otro.
Una vez que sus legisladores apoyaron el aumento de dietas (que ellos mismos habían solicitado) no dudó en desautorizarlos públicamente, obligándolos a retractarse mediante la “técnica del autoritarismo mediático” a la que es tan afecto. Sorprendentemente, ha olvidado referirse a sus propios ingresos como senador nacional, los que doblan largamente los percibidos por sus pares cordobeses. ¿Incoherencia, cinismo o mero oportunismo mediático? Un poco de cada cosa, pero el resultado es bastante patético: un líder zigzagueante, con convicciones sólidamente atadas a los títulos de “La Voz del Interior”.

Repasemos los hechos. A finales de la semana pasada, se conoció que el gobernador enviaría a la Legislatura un proyecto para aumentar los sueldos (aunque con un enrevesado mecanismo) de funcionarios y legisladores. En un primer momento, a ningún dirigente provincial pareció molestarle la iniciativa, en parte porque es notorio el atraso que tienen estos salarios respecto a los de otras provincias. Ciertamente, Schiaretti no actuaba en soledad. Sus espadas legislativas habían anudado un convenio con juecistas y radicales que garantizaba que el previsible costo político de esta decisión sería absorbido en partes proporcionales.

Pero con los medios “tronando”, la oportunidad de sumar por la escalera facilonga de la demagogia se le presentó otra vez al líder de La Voz-Clarín: “El que vote este aumento es porque está fuera del Frente Cívico”, hizo saber a sus seguidores. Valiente, el juecismo parlamentario optó por bajar la cabeza y desandar el camino andado.

Por supuesto, no es el tema salarial lo que preocupa al líder del fin del choreo. Con su dieta por encima de los $ 23.000 entre ingresos y gastos pagos, el problema es de los demás. Lo único que realmente le preocupa en este caso es quedar offside (como Tevez ante México) frente a los opinólogos de la “prensa independiente”.

Es la misma matriz de comportamiento exhibida en 1995 cuando, ante la decisión del ex gobernador Ramón Mestre por aumentar los sueldos políticos a condición de una dedicación full time, el entonces diputado Juez renunció “indignado” a su banca, cuando en realidad lo que temía era quedarse sin los 5.000 pesos-dólares con que Carlos Menem lo había premiado como director de Papel Prensa, un cargo sin los sobresaltos de la Legislatura.

Si fuera practicada en soledad, esta Estrategia del Tero podría ser considerada como una especie de abuso solipsista pero, y lamentablemente para quienes lo rodean, tal conducta encierra el complejo problema de dejar colgada del pincel a mucha gente que cree sinceramente en su proyecto político. Fue éste el caso del ex legislador Ricardo Fonseca cuando, a inicios de 2006, sufrió el anatema de su jefe por haber aceptado el aumento de $ 2.800 que había dispuesto la Unicameral. “Los que tomaron la decisión contraria no tienen absolutamente más nada que ver conmigo”, le había disparado con la molestia propia de quien supuestamente vivía con esa cifra, dado que el entonces intendente “repartía” su sueldo entre su hermano, una hija extramatrimonial y la militancia. Como resultado de semejante desautorización, Fonseca pasó a cuarteles de invierno con la desazón de quien se sabe víctima moral dual del líder en quien había confiado.

En su defensa, podría argumentarse que parecerse al tero es propio de quien sabe cautivar al público diciendo las obviedades que gusta de escuchar y ocultando las cosas que no gusta de ver, y que nada ilícito habría en tal proceder. Pero en el caso de Juez, el asunto desborda lo estrictamente dialéctico. Antes que un pícaro pragmatismo, estamos frente a todo un problema de anorexia programática, donde cualquier cosa puede resultar permitida con tal de agradar a sus socios periodísticos. Algo de esto conocen los concejales juecistas de la ciudad de Río Cuarto, quienes decidieron, pocas semanas atrás, acompañar a su socio político, el intendente radical Juan Jure, en la venta de las acciones municipales en la empresa mixta Gamsur. Juez, al enterarse de la posición de aquellos ediles, salió a censurarlos duramente porque, en su opinión, “todo el proceso para incorporar un socio privado a Gamsur está direccionado para beneficiar a Innviron” cuando, un año antes, se había opuesto… ¡a la estatización de la basura en Córdoba, entonces en manos de Cliba! Privatista en la Capital, estatista en Río Cuarto, el senador ha liquidado el Principio de Identidad aristotélico: puede ser cualquier cosa -incluso aquellas opuestas por definición- a un mismo tiempo. Idéntica reflexión podría hacerse respecto de su inédita flexibilidad ideológica. Menemista- delasotista primero, kirchnerista luego, “lilista” después y -por ahora- pinosolanista, todo le ha parecido permisible con tal de mantenerse fiel al doble discurso mediático y a su Estrategia del Tero, una auténtica sublimación de la hipocresía como conducta política.

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