Con su verborragia farragosa, Luis Juez se atrevió a decir lo que muchos piensan: que el desembarco de Innviron para quedarse con el negocio de la basura en las tres ciudades más importantes de Córdoba tiene aroma a kirchnerismo.
Ni siquiera el peronismo, que dedicó palabras fuertes al intendente Juan Jure por el proyecto de Innviron, llegó a tanto. Sólo Víctor Núñez, presidente del bloque de concejales, se desvió del libreto y habló de negociado pero después hizo mil piruetas para volver atrás.
Juez no. Juez ratificó que el inmenso negocio que recibirá en sus manos la empresa norteamericana tiene un trasfondo nada transparente. Lo dijo una y otra vez el senador nacional. Lo declaró una vez a Telediario Digital y lo repitió a cuanto medio de Río Cuarto lo llamó después.
El líder del Frente Cívico opinó como el más férreo opositor a Jure. O como un ciudadano más, como uno de esos señores que hablan cuando un noticiero televisivo le pone una cámara en plena calle. Pero Juez no es ni un ciudadano común ni un opositor. Es una de las dos patas más importantes que tiene la alianza política que hoy gobierna Río Cuarto. Es socio de Jure. En el reino de la política normal, las declaraciones públicas del senador hubieran significado una ruptura inmediata y una crisis profunda en un gobierno que repartió los puestos de poder sobre la base de un acuerdo electoral entre radicales y juecistas.
Sin embargo, increíblemente, después de la sorpresa inicial todo siguió más o menos igual en el oficialismo. El diputado Gumersindo Alonso, principal espada de Juez en Río Cuarto, hizo malabares públicos para no desmentir al senador y para mantener a la vez la alianza a flote. Y los dos concejales del juecismo -Juan Carlos Daita y Lucía Aliberto-, que tienen la llave para darle el éxito o condenar al fracaso al proyecto de Innviron, manifestaron que no votarán nada turbio pero, a la vez, que tienen un compromiso con el actual gobierno municipal.
Lo cierto es que Juez dejó en off side a sus representantes riocuartenses. Ninguno sabía que iba a aparecer con semejantes declaraciones y que patearía el tablero. Tuvieron que acomodarse y sopesar sus declaraciones para explicar que tienen ganas de seguir en el gabinete y en el bloque oficialista hasta el final. Así como la gente común está ya acostumbrada a las denuncias permanentes del senador nacional, los propios alonsistas, con su conducta, emitieron el mensaje de que Juez suele excederse en sus declaraciones.
El Frente Cívico de Río Cuarto relativizó al propio Juez, el líder principal del partido. Si no, no se explica cómo una fuerza política que nació sin contenido ideológico y que se asienta únicamente en el caballito de batalla de la transparencia y la lucha contra el robo en la política, puede seguir pertenenciendo a un gobierno que, según Juez, está formando parte de un proyecto orquestado por el kircherismo y traspasado por la sombra de la corrupción. Es una contradicción demasiado grosera para ser sostenida.
Aunque si algo no es el Frente Cívico es un partido monolítico. Ahí está si no su único concejal en Villa María, que es opositor a Eduardo Accastello, y votó lleno de entusiasmo el contrato con Innviron después de una reunión con los otros bloques que duró 5 horas.
La actitud de los concejales villamarienses provoca el impulso de casi salir a agradecer que Río Cuarto tenga el gobierno y los concejales que tiene. Porque aquí al menos se está discutiendo qué impacto ambiental tendrá una planta de energía que procesará 500 toneladas de basura por día, si es conveniente o no la oferta económica de los norteamericanos y hasta se están preguntando de dónde salió esta empresa que era desconocida para la gente hasta que envió por mail una promesa de inversión de 60 millones de dólares. Es un proyecto a 20 años y ha generado, como es correcto, un debate profundo y extendido en la ciudad.
En Villa María no se inquietaron por el posible daño ambiental ni por saber a qué empresa le están entregando el tratamiento de la basura por 15 años. Los representantes de Innviron desembarcaron el jueves en el territorio de Accastello y 18 horas después, sin estudio de impacto ni nada por el estilo, todos los concejales -incluido el del Frente Cívico- levantaron la mano. Los ciudadanos no tuvieron ni siquiera tiempo de enterarse de qué se trataba.
En Río Cuarto el proceso ha sido diferente y, hay que reconocerlo, se debe en parte a la actitud del gobierno, que ha abierto el debate, tal vez porque olfateó que hubiera sido casi imposible sacarlo de apuro como en la tierra de Accastello. Es cierto que aquí se trata de un contrato distinto, que Innviron deberá hacerse cargo no sólo de procesar la basura sino también de recolectarla. En Villa María la consecuencia más gravosa -aparte de la ambiental- puede ser que la planta no se construya y la inversión sea una mentira; en cambio, Río Cuarto, si la empresa no es seria, puede despertarse un día y descubrir que los residuos no han sido recogidos. "Pero no somos bobos; vamos a tomar recaudos", prometen en el Palacio.
Por el debate que se ha generado, a Jure le va a ser difícil plantear una adjudicación directa. La presión por la licitación y la competencia limpia -a diferencia de la que describió Marisa Arias, delegada regional del Gobierno provincial- se extienden cada vez más.
Hasta ahora, nadie del gobierno ha salido a contestarle a Juez. Han optado, en cambio, por dejar que pase lo más rápido posible la turbulencia que han generado sus declaraciones.
Lo cierto es que ningún favor le ha hecho a Jure su aliado político. Justo cuando el peronismo le había ofrendado un favor involuntario: las dos líneas más importantes del partido se terminaron peleando después de preparar durante una semana una conferencia de prensa que estaba destinada a ser un mazazo para el gobierno y una muestra de unidad de un partido atomizado desde hace años.
En algún manual de práctica política debería aparecer el acto que el PJ preparó el lunes en el capítulo de las torpezas inexplicables. Todo parecía consensuado después de siete días de reuniones entre las diferentes y antagónicas líneas internas. Pero Núñez tuvo un rapto de inspiración y tiró el libreto por la borda y Marisa Arias, en pose de sinceridad brutal, dijo que todos los dirigentes políticos saben que las licitaciones -esas mismas que acababa de reclamar el PJ en su conjunto- se arman como anillo al dedo "para lo que queramos".
Al final, fue el propio peronismo el que tuvo que salir a aclarar que no es corrupto y que no digita a su gusto las licitaciones.
Todo era música para los oídos de Jure. Hasta que apareció Juez.

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