Continúa agravándose la provisión de combustibles en la costa atlántica, y todas las previsiones indican que se acentuará la escasez a medida que crezca la circulación que producen las vacaciones de temporada alta.
Pero el problema es mayor aún, ya que los extremos en lugar de juntarse se alejan. Hay más autos, menos producción y reducen importación para evitar la salida de dólares. Hoy el precio del litro de nafta debería estar en los dos dólares por litro (precio internacional), por lo cual las petroleras cumplirían con los cupos, lo que no quiere decir que haya satisfacción de la demanda.
Como el problema es económico, de rentabilidad e impacta sobre la actividad turística, la única solución que aparece en el corto plazo (los próximos tres meses) se ha sugerido a las autoridades del área, quitar la carga impositiva para compensar el valor de importación. Esta variante no estaría en línea con la reducción de subsidios ni con la política cambiaria del gobierno nacional.
En este panorama la costa atlántica se vería especialmente perjudicada ya que la mayoría de los automóviles se dirigen hacia esta zona, y podrán observarse los mismos problemas de abastecimiento que sufren las provincias más alejadas de la Capital Federal.
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