Por Silvia PisaniWASHINGTON.- El encuentro de ayer fue una ocasión servida en bandeja que ambos gobiernos supieron aprovechar bien. Y que, de cara al futuro, está llamada a distender la relación bilateral. La conjunción de intereses fue simple. De un lado, Washington necesitaba sumar voluntades internacionales en su política nuclear. Y la Argentina podía ofrecer la suya.
En todo ese tiempo, pocas veces como ayer las aspiraciones de ambos gobiernos tuvieron tanta sinergia. Y, para mejorar las cosas, a esa funcionalidad inédita sumó el hecho de que la Argentina, con su compromiso del nuevo canje de deuda, acababa de disipar una buena dosis de los elementos que, hasta ahora, habían complicado la cita. Con el malestar añadido de que eso era algo ya obtenido por otros gobiernos de la región.
Ayer, la administración demócrata tuvo motivos para halagar a la Argentina. Por primera vez desde que es presidente, Barack Obama tuvo explícitas afirmaciones públicas de reconocimiento personal para el país.
Y hasta casi batió un récord: le agradeció dos veces en apenas 15 minutos. A saber: Obama felicitó primero a la Argentina porque -al igual que Filipinas, Tailandia y Vietnam, dijo- accedió a "fortalecer" su compromiso en materia de seguridad nuclear. Y, luego, porque, al igual que Paquistán, "anunció pasos para fortalecer su seguridad portuaria y evitar el contrabando" de material de ese tipo.
El líder demócrata habló así de la Argentina en los párrafos iniciales de la conferencia de prensa con la que clausuró la cumbre.
Los elogios fueron generosos, pero siempre referidos al tema que motivó el encuentro. "La Argentina está a la vanguardia de la lucha por la seguridad nuclear", dijo, a su turno, la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Fue al firmar un convenio con su par, Jorge Taiana.
También jugó en favor de la Argentina el hecho de que el gobierno de Cristina Kirchner pudo ofrecer a la Casa Blanca lo que no podía proveer el aliado preferido de Obama en la región. Con su política de acercamiento a Irán, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva dejó el campo más abierto para la Argentina. Difícil medir hasta qué punto la Argentina explotó esa carta.
Por lo pronto, el contraste fue evidente. Obama no sólo no mencionó ni una sola vez a Brasil en la conferencia de cierre, sino que además tuvo que ignorar por completo la propuesta que, en plena cumbre, soltó Lula de abrir una "mediación" en el conflicto con Irán para frenar las pretendidas sanciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Por el contrario, ratificó Obama la conveniencia de ese castigo, punto en el que cuenta con el apoyo pleno de la Argentina. De eso se habló ayer. Y de esa coincidencia de aspiraciones surgió la ocasión perfecta para un encuentro que mucho tuvo de señal política destinada a distender una relación que venía retrocediendo.
Para el futuro queda lo que la cita de ayer puede afinar en la percepción que de la Argentina existe en algunos círculos de poder de esta tierra, donde -a veces- cuesta captar qué tan lejos o qué tan cerca está el gobierno de Cristina Kirchner de la prédica hostil que, en la región, lidera Venezuela.
Lo de ayer sirvió para acomodar un poco las piezas en el mapa. En vísperas del canje de deuda, de eso también se trataba.





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