"Los jueces han sido funcionales a la impunidad", dijo la abogada de la DAIA

Marta Nercellas alertó sobre la penetración del islamismo fundamentalista en la región.
"El tema no es la religión sino las ideologías; no es el islamismo sino el fundamentalismo, el ansia de poder y el poco valor de la vida. El terrorismo no sólo mata, también atemoriza y divide. Hay que separar la hipocresía de la verdad, aunque a veces esta no le interesa a casi nadie", definió Marta Nercellas.

La abogada representa a la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) en la causa por la voladura del edificio que compartía con la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), hecho ocurrido hace 16 años. Ayer participó en Tucumán como oradora en el acto celebrado en la plaza Independencia.

"Este no es un homenaje a las víctimas porque aún no tenemos respuestas, porque la Justicia se mueve perezosamente y porque la comunidad internacional nos apoya supuestamente sólo porque ocurrió el ataque a las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001. Pedimos lo mismo que en 1994", afirmó durante un diálogo con LA GACETA.

-¿En qué instancia judicial está la causa penal?

-La última novedad fue el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que ordenó un nuevo juicio, pero el proceso no ha avanzado. A esa instancia fuimos en absoluta soledad. Ni siquiera nos acompañó el Ministerio Público Fiscal. Los jueces fueron funcionales a la impunidad de los terroristas.

-¿Cómo se combate esa impunidad?

-La Justicia no es cosa de un juez, de un fiscal o de abogados. Todos los ciudadanos debemos estar comprometidos en la pelea, y exigirla en todos y en cada uno de los lugares, aunque por momentos estemos atónitos, paralizados y sin saber qué hacer.

-¿El atentado a la AMIA fue una consecuencia de no haber investigado la destrucción de la embajada de Israel, ocasionada por otro ataque, en 1992?

-Sin dudas, y allí tenemos responsabilidad todos los argentinos, porque sentimos que era un hecho ajeno, de otra gente y no nos dimos cuenta de que era un episodio de guerra. Fuimos indiferentes. No vimos lo que venía como consecuencia de la revolución teocrática en Irán, que montó una red de inteligencia en sus embajadas para lograr que el mundo fuese musulmán.

-¿Cómo evalúa la situación internacional actual?

-Tenemos un diálogo esquizofrénico con las autoridades iraníes, porque aumentamos el comercio y, al mismo tiempo, los culpamos de no colaborar con la Justicia y con las disposiciones internacionales. La mirada en derredor debería ser pesimista: los países latinoamericanos estrechan sus vínculos con Irán. Algunas comunidades aborígenes en Bolivia y en Perú están convirtiéndose al islamismo fundamentalista, y la mezquita más grande del mundo está situada en Costa Rica. Pero no tenemos opciones porque la búsqueda de Justicia es obligatoria.

-¿Qué deficiencias exhibe el accionar diplomático argentino?

-Hubo reclamos (diplomáticos), pero ya no es hora de hacerlos, sino de actuar en las cuestiones que le pesen a los gobiernos que no cumplen con las normas. No hablo de cuestiones de guerra, sino de hechos políticos.

-¿La sociedad aún piensa que fue un atentado exclusivo contra la colectividad judía?

-Toda la sociedad fue víctima del atentado, pero aún no hemos internalizado la idea de que fue un ataque contra todos.

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