Por Hernán de GoñiEl debate que envuelve hoy al Gobierno y a los legisladores opositores sobre cuál es el mejor camino para mejorar la situación de los jubilados, está cruzado por varios imperativos que nadie parece dispuesto a discutir.
Todos estos argumentos son razonables y atendibles. Pero el imperativo que falta es el de la responsabilidad. Las fórmulas que encaren el Congreso o el Ejecutivo tienen que tener el consenso de la CGT y las empresas, para poder graduar de ese modo plazos y urgencias. Cualquier solución que se impulsa para resolver este problema no puede hacerse en contra de la voluntad de un sector, porque si se vacía un bolsillo para llenar otro, lo que único que se consigue es incubar un nuevo reclamo.
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