El diputado con pasado duhaldista no responde a su bloque, que comanda Graciela Camaño, y parece que por primera vez se animará a ayudar al kirchnerismo. Su desprecio a Solá y las excusas que pone para faltar a las sesiones. ¿Será el encargado de controlar las cuentas del Gobierno en una bicameral?
El ex ministro de Seguridad de la provincia no responde más a Graciela Camaño quien, en los hechos, es todavía la jefa del bloque que integra, denominado Peronismo "Sin Patrones".
Fue conformado en diciembre por un sexteto de peronistas díscolos que resistían a sumarse al bloque Peronismo Federal de Felipe Solá, de quien Juanjo, suele decir, quieren mantenerse bien lejos.
Pero en las últimas sesiones sorprendió al distanciarse de su bancada, sin mayores explicaciones. Su presencia en la sesión de la semana pasada no alcanzó para contentar a los opositores ya que se retiró al momento de votar.
"Ya lo damos afuera", dicen cerca de Camaño. "Está incomunicado", admiten. La mayor bronca la tuvieron cuando fue a la sesión del 13 de abril, la siguiente a la que fracasó por falta de quórum pero no estuvo cuando se votó por la nulidad del DNU. Esos juegas a medias, se sabe, son el arma predilecta de quienes quieren distraer y decidir en otro momento de qué lado están.
Lo de Juanjo, en el Congreso es para destacar. Duhaldista de siempre, cuando en 2005 Kirchner dejó nock out al bonaerense armó rancho aparte y se negó a coquetear con los K desde el bloque PJ: En esos tiempos hacía tropa con Francisco De Narváez, Eduardo Camaño y Jorge Sarghini. Los tres están bien lejos suyo.
Ya en 2008 se convirtió luego en un alfil del peronismo opositor pero, en las últimas elecciones, su juego en Unión Pro lo hizo desde el Pro raso.
Renovado el parlamento, con la oposición en mayoría se resistió a estar en el bloque de Solá (parece que no se fue en buenos términos de su gabinete allá por 2003), aceptó el convite de Camaño para subirse al Grupo A que derrotó al kirchnerismo y, ahora, parece dispuesto ser funcional al gobierno.
¿Justo ahora? Juanjo tendría sus causas. No encuentra un lugar que lo contenga en el duhaldismo reluciente y en el Pro nadie quiere mostrarlo. Sus detractores, aliados hasta diciembre, cuentan que a cambio de su lealtad con el Gobierno tendría un lugar en la Comisión Parlamentaria Mixta Revisora de Cuentas, encargada nada menos que de controlar las cuentas del Gobierno.
Ya acordado que los seis cargos se repartirían en partes iguales, para esa bicameral la oposición de Diputados pondría a un radical, al peronista disidente Walter Agosto y a Juan Carlos Morán de la Coalición Cívica. Aún no se sabe quienes son los tres oficialistas, y tampoco si entre ellos estará Álvarez como invitado de lujo.
Las bicamerales suelen hacer un trabajo silencioso, aunque eso ocurre más en épocas de mayorías holgadas, hay algo que no cambia: manejan presupuestos millonarios. Dineros que el año próximo, tal vez, se requieran para más que controlar balances.





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