Juan Domingo, la primera trinchera del sciolismo

Hasta dónde Daniel Scioli y su grupo de legisladores y aliados dejarán que el kirchnerismo de paladar negro traspase determinadas líneas que directamente lo ubicarían en la vereda de enfrente. El rol de cada sector en el Senado bonaerense y las diferencias internas
Cada actor en su personaje, cada personaje en un grupo, cada grupo detrás de un in-terés. Síntesis del eterno juego político en la Provincia, expresado en la actualidad a to-das luces, con la Legislatura como escenario de la acción. Hacia esas tablas se trasladaron las indisimulables diferencias entre el estilo de Daniel Scioli y la avasallante perspectiva de los ultrakirchneristas, encarnados en territorio provincial por el vicegobernador, Gabriel Mariotto, y los chicos de La Cámpora.

En una remixada guerra fría, de batallas dialécticas y estruendosas amenazas de ruptura difíciles de llevar adelante, la interna en el oficialismo tiene en el largo plazo la puja por la herencia del poder, pero en el presente se pugna por límites presuntamente invadidos por los cuestionamientos K hacia el Gobernador.

El pedido de informes por parte de Dipu-tados al Ejecutivo por su relación con Boldt, la Comisión del Senado para investigar el caso Candela, el cuestionamiento de Mariotto al sistema carcelario y la consiguiente pelea con la sciolista Nora De Lucía (quien le reprochó que si los presos no estaban mejor era porque Nación retaceaba recursos), son los antecedentes más gruesos sobre el traspaso de esos los límites.

Senado

Desde las filas cercanas al Gobernador también hubo madrugados pedregullos hacia el otro lado. La Balestrini (ahora autodenominada La Juan Domingo) nació en el Senado antes de estos líos y por disidencia en el reparto “de comisiones y de recursos”.

Después del pedido de informes y del entredicho por las cárceles, Scioli decidió defender las fronteras de su gobierno. Sin salir de la postura eternamente conciliadora, alentó a sus senadores. “Sigan para adelante”, pidió y sugirió que “aguanten dentro del bloque, en la medida de lo posible”.

Bien determinados, los bandos oficialistas del Senado convivirán bajo la misma sigla. Mientras se jactan de “hacer demasiado ruido con lo que tenemos, que son una piedrita en cada bolsillo y dos cascaritas de naranja”, los siete senadores díscolos insisten en señalar que “la Legislatura no gobierna, es el apoyo al oficialismo, nuestro rol es el de ayudar”.

Sin ser el más talibán del grupo, un disidente ejemplificó con Marta Arriola, “que es secretaria de la Comisión de Candela y se pone en fiscal acusadora; si hasta la propia oposición coincide en que se excede en los comentarios dentro de la comisión”.

Mientras la kirchnerista Cristina Fioramonti ve como “natural” las disidencias dentro de la bancada que preside, y aún cuando los mismos sciolistas reconocen que “el bloque no debería romperse”, advierten que “el límite es Scioli; no hay un ataque más o un ataque menos, no puede haber ataques a Scioli”.

No acompañarán otra iniciativa que tenga al Ejecutivo como blanco directo. Tampoco lo harán los diputados sciolistas, aunque éstos manejan cierta distancia de La Juan Domingo, e incluso difieren entre ellos sobre algunas posturas.

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