Jorge y el PJ escondieron los reproches e hicieron equilibrio

Fueron más las expectativas que los frutos del encuentro: después de los chisporroteos de las últimas semanas, finalmente ayer el gobernador Oscar Mario Jorge abrió las puertas de su despacho a los dirigentes del Consejo del PJ, incluyendo al ex gobernador Rubén Marín, que desandó esos pasillos que tan bien conoce, aunque ahora en otro rol.

A la hora de la verdad, y aunque se hicieron las fotos de rigor y hubo tres horas de charla, los resultados no fueron precisamente una bomba informativa: Jorge contó qué está haciendo en el Gobierno y hubo algún cruce de disidencias -sobre todo en cuál debe ser la relación con el Gobierno Nacional- pero los participantes del cónclave son especialistas en hacer equilibrio, y no se salieron del libreto. Los reproches quedaron abajo de la mesa, aunque latentes.

El intendente de Ataliva Roca, Martín Borthiry, que es a la vez secretario de Prensa partidario, advirtió que si hubiera un aumento de sueldo habrá que apelar a las reservas que tiene el Gobierno Provincial. Aunque no hubo definiciones, el vernismo de ese modo pareció dar medio paso atrás respecto de la presión que viene metiendo para que haya una mejora salarial a los trabajadores estatales: esa fue la tesis que impuso el diputado Daniel Lovera, envuelto en la lógica Plural que mira de reojo las elecciones del año que viene.

Como si aplicara aquello de que los caballeros no tienen memoria, Jorge prefirió no recordar las cosas que los intendentes del propio PJ le dijeron durante el último encuentro en Monte Nievas. El tema quedó para otra ocasión y los bandos en pugna se limitaron a ponerle fecha a una audiencia con los representantes norteños (Vértiz, Rucanelo, Rancul, Larroudé), que reclamarán mayor asistencia social. El ministro del área, Gustavo Fernández Mendía, se defendió por las suyas (ver aparte).

Gestos y presencias

Al ingresar a las 11 de la mañana, Marín anduvo con cara de pocos amigos, como si se sintiera algo incómodo jugando de visitante en un despacho en el que se acostumbró a ser local: a poco de sentarse en la mesa que fue suya, se sacó la campera sindical y dejó al descubierto una camisa en amarillo tenue. El presidente del PJ no pudo disimular cierto resentimiento. Incluso antes de ingresar al encuentro le consultaron qué temas se conversarían y espetó: "No tengo ni idea".

Desde una de las cabeceras, el gobernador -con un apósito cerca de su oreja, consecuencia de la operación de una verruga a la que fue sometido la semana pasada- lo recibió con seriedad y sin demasiado entusiasmo. No hubo sobreactuación de euforias. El jefe del Ejecutivo estuvo acompañado por Raúl Ortiz, el secretario general de la Gobernación, que se sentó a su izquierda.

Cerca se ubicaron dos pesos pesados de la Plural: el intendente de Ataliva Roca, Martín Borthiry (también eligió una camisa amarilla para la cita, aunque en tono más furioso), y el presidente del Consejo Local de Unidades Básicas, Sergio Ziliotto.

Con Marín estuvieron los suyos: el diputado provincial Mariano Fernández y el consejero Carlos "Rosco" Ibarra.

Por ahí anduvo, en representación de la Juventud, Fabricio Belocchi. Y más allá quedaron el ex diputado Jorge Lezcano, el diputado nacional Roberto Robledo y la legisladora Patricia Lavín. También aportaron Julio Jerez (intendente de Puelches) y Marina Cahais (de Arata). Los que no asistieron fueron Elsa Labegorra, Juan Ramón Garay y el vicegobernador Luis Campo.

Reunión "sencilla"

El vocero oficial del encuentro, Borthiry, dijo que fue "una reunión sencilla; el gobernador nos contó la situación de la provincia, que en parte ya la conocíamos". En la previa, el intendente de Ataliva había usado un discurso más provocador: incluso llegó a mentar la cita con Jorge como una suerte de cumbre en la que el jefe del Ejecutivo tendría que dar "explicaciones".

Respecto de los conflictos gremiales y el modo de salir de ellos, el intendente insistió en que la Provincia cuida su "equilibrio", pero advirtió que "hay un déficit de más de 100 millones. Si hubiera un aumento salarial se va a tener que pagar con reservas. Profundizar la política salarial tiene sus inconvenientes, porque los municipios también adhieren al aumento", apuntó.

Borthiry dijo que "se habló por arriba del panorama gremial, el tema nacional", pero uno de los aspectos centrales de la charla fue el de las deudas que el Gobierno Nacional mantiene con La Pampa, por un monto cercano a los 500 millones de pesos. Mientras el vernismo quiere poner el pie sobre el acelerador para exigir al kirchnerismo el envío de ese dinero, Jorge y los suyos son más cautelosos y quieren aguardar el momento oportuno para hacer conocer cierto descontento. Marín, enrolado como está con los K, insistió en tirar líneas de respaldo a la presidencia de Cristina Fernández.

Borthiry tuvo que aceptar que "tenemos una situación crítica aunque no estamos como otras provincias que necesitan asistencia del Gobierno Nacional". Aunque punzó: "Nación no ha pagado, hubo un vencimiento y no ha cumplido".

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