Wen Jiabao, la voz que clama en el desierto

Emilio J. Cárdenas

Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

El primer ministro chino es uno de los más firmes impulsores de la reforma política en su país, pero no cuenta con consenso en el Partido Comunista

Hacen treinta años, un hombre de físico diminuto, con una visión extraordinaria, cambió -de pronto- la historia de China dejando de lado el socialismo económico y abrazando, en cambio, la economía de mercado, fórmula que produjo el crecimiento vertiginoso del país que continúa a ritmo de milagro. Hoy China es, económicamente, el segundo país del planeta. Y va camino a ser, alguna vez, el primero. Cual imparable locomotora.

Me refiero a Deng Xiao Ping, el líder tranquilo al que se denominara “el pequeño timonel”, que todavía sigue estando devaluado en el discurso oficial del escenario político doméstico.

No obstante, el más conocido de

sus seguidores, el actual Primer Ministro Wen Jiabao, aprovechó recientemente la conmemoración pública del trigésimo aniversario de la inauguración de la “zona económica especial” de Shenzhen para recordarlo especialmente en el discurso que pronunciara en la ceremonia respectiva.

Con una sorpresa, sin embargo. Porque Wen Jiabao destacó la urgencia de generar -sin demoras- la reforma política que aún no se ha producido. Para así “sostener el desarrollo del país”. Lo que tiene obviamente que ver con las reformas políticas y sociales que el país necesita. La inédita ola reciente de huelgas que paralizara las fábricas de Honda, Toyota y Foxconn, así como al sector autopartista, es un llamado de atención en este sentido.

Al respecto, el Primer Ministro sostuvo que “si no se asegura la reforma del sistema político, los resultados de las reformas económicas no están garantizados”. El dirigente hoy más popular de China agregó enseguida palabras punzantes, de notable claridad: “Debemos resolver el problema de la concentración excesiva del poder y crear las condiciones necesarias para que el pueblo pueda criticar y controlar al gobierno”.

En China el llamado a la reforma política, cualquiera sea su solitario vocero, aún no es -por cierto- sinónimo de sufragio universal. Más bien debe tenerse como la búsqueda de algún tibio primer mecanismo democrático que pueda comenzar a funcionar dentro del esquema del partido único que, por el momento, pareciera no es posible reemplazar.

Ocurre que la cúpula del Partido Comunista Chino es, en este tema esencial, lo más conservadora que pueda pensarse. Y que, en política, ella predica la visión de Mao por oposición a la audacia aperturista de Den Xiao Ping. Porque elije proteger lo económico en lugar de avanzar en lo político.

Tan es así, que los mensajes del último Congreso del Partido Comunista (el de octubre de 2007) en el sentido que podría haber elecciones abiertas para elegir así a las autoridades provinciales y municipales, han quedado en la nada.

Del mismo modo que en el plano de lo económico alguna vez se organizaran las llamadas ”zonas económicas especiales” (como la de Shenzhen) a la manera de cautos experimentos que luego, en caso de éxito, serían seguidos por la extensión de sus recetas, en el plano de lo político muy pocos sueñan con “zonas políticas especiales” para empezar a democratizar a China. Entre ellos, Wen Jiabao. Pero está muy solo.

El líder que alguna vez fuera un militante cercano al liberal Zhao Ziyang, el ex Secretario General del Partido Comunista Chino que se opusiera a la cruenta represión en la Plaza Tiananmen, en esto no tiene seguidores. Está aislado. Ha sobrevivido gracias a su reconocida fidelidad partidaria y no ha sido purgado por sus ideas de avanzada en lo político. Pero, en rigor, se espera que en el 2012 Wen Jiabao desaparezca, más o menos pacíficamente, de la escena política de China. Para siempre. Una pena.

Comentá la nota