Los jefes, el dilema

Por: Susana Viau.

Mauricio Macri tropezó en Mendoza en lo que pretendía ser su lanzamiento como opción nacional. Los radicales, vencedores allí, padecen una crisis de abundancia: tienen varios candidatos pero ningún líder. Kirchner capitaliza la debilidad opositora, pero alivia de tensiones al gobierno de su esposa a costa de perder protagonismo.

El diccionario de María Moliner define "dilema" como un problema que admite dos soluciones, ninguna de las cuales es ciento por ciento buena. En ese punto se encuentra el debate que mantienen los protagonistas de la política argentina, pero por sobre todo aquellos que están excluidos del control sobre el aparato del Estado. Para la oposición, la cuestión a resolver es de cuál de los dos caminos posibles surgirán las jefaturas, los liderazgos alternativos. ¿De la tensión y la pugna cotidiana contra los designios del oficialismo o de la interpretación mesurada de los temas que agobian la vida de los argentinos? En fin, ser el challenger de Néstor Kirchner y afrontar el precio del desgaste o marginarse de la disputa y preservarse, aun al precio de dejar huérfana de representación a una porción de la ciudadanía. Esa es la cuestión.

La primera opción fue la que premiaron los comicios legislativos de mitad de mandato, cuando Francisco de Narváez logró instalarse como principal adversario de Kirchner y consiguió que su campaña fuera una foto recortada de ambos sobre el ring. Los meses que sobrevinieron parecieron demandar otras conductas y pusieron de manifiesto el crecimiento paralelo de las figuras con menos sobreexposición. No está claro, sin embargo, cuáles son las virtudes ocultas que hacen mover los números de las encuestas. Lo sabe mejor que nadie Mauricio Macri, que llegó al 28 de junio con lo suficiente para ganar pero con una pérdida importante de su caudal electoral, puede que por haberse rehusado a batallar contra el poder central. Las recientes elecciones de Mendoza volvieron a mostrar su fragilidad. "Era su lanzamiento como aspirante a la presidencia y terminó muy mal –fue el comentario de un peronista disidente–. Hubo un solo hombre capaz de proyectar con éxito a gente de la farándula o del deporte y ése fue Carlos Menem". La pésima performance del macrismo, que eligió presentarse asociado a un debutante en la política, el empresario y corredor de rally Orlando Terranova, puso al jefe de Gobierno porteño frente a una dura realidad: sus dificultades para transferir el voto y la vigencia que aún mantiene la llamada "vieja política". Al indiscutible triunfo radical, el macrismo debe sumarle el segundo lugar obtenido por el Partido Demócrata, su aliado natural de no mediar el personalismo de Macri que prefirió, en cambio, establecer una nueva cabecera de playa e incursionar en la provincia con sello propio.

A los radicales, por el contrario, el excelente desempeño en las urnas les replantea un conflicto, su crisis de abundancia. Hoy por hoy tienen tres potenciales postulantes a la gobernación: el vicepresidente Julio Cobos, el presidente del partido, Ernesto Sanz, y el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo. "Se están poniendo competitivos. Estas elecciones comunales pueden ser un anticipo", admitió un bonaerense aludiendo también al comportamiento de la UCR en los comicios de Pinamar, territorio tradicionalmente refractario al alfonsinismo. Una crisis de abundancia, porque el radicalismo repite el esquema provincial y a nivel nacional tiene varios nombres con chances de someterse a la consideración de las urnas en 2011. Tres entre los diez mejor posicionados en los sondeos de opinión tienen la chaquetilla blanca y roja: Cobos, Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer. A ellos se incorpora, sin mediciones, el senador Ernesto Sanz, mucho más prestigiado hacia el interior de la política que en el vasto universo de los electores. La existencia de una multiplicidad de variantes habla del resurgimiento radical y también de la compleja construcción de liderazgo. El radicalismo revive, pero todavía no encuentra una jefatura. La ventaja se ha transformado en un problema. Suele sucederle al partido de Leandro Alem.

En el subibaja de las mediciones, Cobos ha sufrido un moderado descenso, debido, según algunas opiniones, al alto nivel de corrosión a que está sometido por su doble estándar de vicepresidente y referente opositor. El mendocino prevé que de no resolver el conflicto aumentará la erosión. El riesgo es que la renuncia lo arroje de lleno a la interna radical. Alfonsín, en cambio, trepa en la consideración de sus compatriotas. Ciertos foros de la UCR lo atribuyen al hecho de haberse colocado lejos de las refriegas parlamentarias, pese a su condición de vicepresidente primero de la Cámara de Diputados. No hay acerca de estos vaivenes una visión unívoca: también pueden ser entendidos como el resultado del mal paso de Cobos en el proceso de renuncia de Martín Redrado y la influencia benéfica del legado de Raúl Alfonsín sobre su hijo.

La ausencia de un caudillo opositor es agua para el molino de los Kirchner, que viven la primavera de una leve recuperación. El esposo de la Presidenta se ha hecho a un lado y con ello el Gobierno busca suprimir un factor de irritación. La titularidad de la Unasur aportaría una cuota de elegancia a ese corrimiento y una justificación valedera al abandono de la banca. En su entorno quieren librarlo del severísimo golpe de ser el rostro de las derrotas legislativas del Frente para la Victoria. El santacruceño, sin embargo, no lo tendría tan claro: prefiere manejar de cerca la situación y sostiene que su presencia es indispensable para mantener unidas a las legiones K. La apabullante derrota mendocina podría darle la razón, aunque el desastre lleve el sello inconfundible del jefe del PJ: la discordia en el seno de las propias fuerzas. Encuentro por la Ciudad, que respondía al operador Juan Carlos Mazzón, sacó el 3 por ciento de los votos. De haber confluido con el justicialista Sebastián Godoy Lemos hubieran asegurado a la Casa Rosada el segundo lugar y un sillón en el Concejo Deliberante. Las inquinas entre Jaque y Mazzón –su hacedor– tienen una historia: las desinteligencias respecto a quién debía ser el agente financiero en la provincia (Jaque proponía al Banco Supervielle, en tanto Mazzón impulsaba al Nación) y, por sobre todo, el respaldo mutuo que se brindaron el gobernador kirchnerista y el intendente radical. Esa amistad quitó oxígeno a Sebastián Godoy Lemos, la carta del oficialismo.

Al Peronismo Federal lo desvela la posibilidad de que un eventual hundimiento de los patagónicos arrastre al conjunto del justicialismo "a menos de que le ganemos la interna. Es dudoso que puedan realizarse –creen–, porque habría que poner en movimiento un mecanismo muy complejo, especialmente en lo judicial, y no hay nada en marcha todavía. Pero si se hacen y un peronista le gana a Kirchner, las cosas pueden cambiar. Será el que mate al monstruo". De todos modos, terminará siendo Kirchner quien señale si habrá o no primarias y para decidirlo aguardará hasta último momento. Un viejo militante del peronismo bonaerense confiesa la preocupación por la fragmentación del voto, pero se entusiasma con un pronóstico que los radicales comparten: "En segunda vuelta cualquiera le gana a Néstor. Igual, va a ser complicado. Los que este año den la pelea lo harán sabiendo que no son ellos los candidatos sino sus partidos. Duhalde lo tiene absolutamente claro, Felipe también. Y Carrió, aunque muchos la critiquen".

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