La jefa de campaña

Por: Roberto García.

Tras la amabilidad telefónica con Macri y De la Sota, la Presidenta bendijo poderes y marcó límites internos.

Un atisbo de humor, hace dos domingos, exhibió Cristina de Kirchner cuando felicitó a Mauricio Macri: se anunció entonces, telefónicamente, como “la señora de enfrente”. Para mantener el inesperado raid de buena educación al que fue obligada por la ducha helada de los resultados (Capital, Santa Fe), luego de la descortesía habitual que se amparaba en el “ya ganamos”, tambien saludó al victorioso De la Sota una semana más tarde. Pero, esta vez, el tradicional humor cordobés se impuso a cualquier ejercicio gracioso de la Casa Rosada, sea de origen platense o santacruceño. La comunicación ingresó mientras el candidato electo recorría en auto la distancia que separa Río Cuarto de la ciudad de Córdoba y, según mentas, éste fue el diálogo:

—Hola, Juan Manuel, te va bien, ¿no?, dijo la mandataria.

—Sí, pero me va mejor como José Manuel, respondió sutil el futuro gobernador.

Aunque no ha logrado, para los comicios de mañana, que De la Sota bajara su propia lista de diputados, al menos Cristina suspendió la agria controversia que mantenía con la dupla mediterránea, él y Juan Carlos Schiaretti. En parte y, claro, temporariamente. Porque si bien ella parece más flexible y abierta, ordenó mejorar relaciones con el sindicalismo moyanista, los intendentes y el propio Daniel Scioli –tarea a cargo de Julio De Vido, quien supone que esa gestión calmó la sangría de votos kirchneristas–, las suspicacias continúan, más bien se multiplican. Como se advirtió en el acto final del teatro Coliseo, donde La Cámpora se hizo cargo de la “seguridad” y les hizo tomar exámenes de sangre a gremialistas y caudillos bonaerenses para permitirles el ingreso. Con hostilidad y bravuconada policial, ofendieron a Moyano (quien, previsor, fue con dotación reducida) mientras intendentes como Alejandro Granados, hartos del manoseo, se fueron a comer pizza a un local vecino. Curioso: un puntero como él, oriundo del menemismo, es cierto, pero fanático ahora de Cristina, supera en más de 70% la adhesión popular en su territorio de Ezeiza; a él, justamente, que le deriva votos a Cristina, jóvenes que no reclutan siquiera el voto de la tía le impidieron participar del acto. Algo huele mal en el ámbito kirchnerista. Por no hablar de otras singularidades: la forma de ocultar a Aníbal Fernández como candidato a senador por la Provincia (se supone que su figura no convoca multitudes) o la distracción continua de Scioli, quien se olvida de llevar a Gabriel Mariotto, el segundo que Ella impuso en la fórmula bonaerense, a las presentaciones o tentempiés a los que concurre. Demasiada fronda previa dentro del oficialismo para la elección de mañana.

Algunos sostienen que no es Cristina quien estimula esa aversión a ciertos personajes o sectores tradicionales del peronismo. Débil argumento: parecen los Montoneros de los 70 explicando a Perón cuando éste les soltaba rienda a las Fuerzas Armadas para reprimir. Y añaden, más modernos, que ya la Presidenta contuvo a Juan Manuel Abal Medina, mandó a un rincón a Carlos Zannini por las derrotas electorales y hasta le limitó las pretensiones al amado Boudou, quien se postulaba para quedarse con el cristinismo bonaerense en los próximos cuatro años para ser gobernador en 20l5. Ella, dicen, de un cocazo, lo encerró en el distrito porteño y le dijo: “Este es el único territorio al que te corresponde aspirar”. El mandoble también sacudió a Diego Bossio, el autor del default de los jubilados, quien jugaba con el ministro de Economía para quedarse con la tierra bonaerense. Son como los de La Cámpora: no tienen ni un voto, pero se apropian del pastel.

Si los dejan. Ese rol a veces impreciso de Ella, sin embargo, se altera más cuando desde el Gobierno se alienta e impulsa a figuras que juran profundizar el modelo. Como el despliegue que la televisión estatal le otorga al economista Axel Kicillof, quizá porque le van a editar una monografía en España, a quien le otorgaron casi media hora de monólogo para que analizara la crisis mundial y dijera, por ejemplo –como modelo de expresión científica– que la culpa es de los Estados Unidos porque trasladó su poder industrial, sus fábricas, a China. En suma, culpa de la avidez norteamericana y capitalista para aprovechar las ventajas del trabajo barato que ofrecen los asiáticos (en rigor, esto ocurre desde la década del 50). Tal vez crea que USA debía dejarles la iniciativa industrial a otros países y a otras empresas, que en lugar de instalarse en China importara millones de ciudadanos de esos lares a Nueva York y California (como otrora, cuando se construyeron los grandes puentes) o que se resignara a no participar en el voluminoso mercado de esa nueva potencia. Así de sencillo, explica el docente vestido siempre de negro y de kirchnerismo, quien de paso manifiesta su voluntad oficialista al decir –como académico de la Facultad– que Javier González Fraga estuvo con el uno a uno de Cavallo y, por lo tanto, merece el desprecio universal. Son varias las causas para imputarle a González Fraga, pero no asociarlo al tipo de cambio fijo que justificaba Robert Mandel o por seguidismo al titular de Economía de la década del 90. Y si no conoce de historia elemental, bien podría consultar a uno de sus referentes económicos en el Gobierno, la funcionaria Débora Gorgi, colaboradora entonces del hoy candidato a vice de Ricardlo Alfonsín. Además de no citar como mácula, al igual que Florencio Randazzo y Aníbal Fernández, la subordinación en el pasado a Cavallo: se olvidan Kicillof y los ministros que aliados presuntos, como Schiaretti, fueron su mano derecha y que el propio Néstor defendía a capa y espada al ex colaborador de Menem, le agradecía que convirtiera Santa Cruz en una provincia rica y le reclamaba consejos técnicos para invertir ahorros en el exterior. Aunque lo más reconocido de Néstor fue que asistía al ex ministro como confidente cuando éste lanzaba sus ataques furibundos, algunos con escaso sentido. Si alguno lo requiere, hay abundancia de pruebas al respecto. Hasta podrían interrogar en ese sentido a quien maneja números de la economía, ha sido el verdadero ministro en la pasada administración y, naturalmente, en la actual. Una pista: no toca la guitarra.

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