Javier Quinterno: "Había un código de supervivencia".

En La Cacha cada detenido era propiedad del grupo de tareas que lo secuestraba. Su vida, su muerte, su destino, era propiedad del grupo de tareas. A mí me llevaron a la madrugada y me dejaron dos días tirado en un colchón, encadenado al piso, sin interrogarme, porque el grupo que me secuestró hacía turnos de 24 por 48 y empezaba el franco. No me interrogaron hasta que volvieron.
De eso me di cuenta muy rápido, porque había gente en la misma situación que yo. En esos dos días, otros detenidos entablaron contacto conmigo y, de alguna forma, me trataron de explicar dónde estaba y qué era lo que me iba a pasar. La cuestión central era en qué consistía la tortura y la forma de ver de qué forma se podía sobrevivir en esa circunstancia. Yo todo esto lo sintetizo con transferir lo que sería una especie de código de supervivencia, que yo creo que, a la hora de analizar mucho después esa situación, en ese código de supervivencia estaba buena parte de la clave de vivir o no." Héctor Javier Quinterno estudiaba Ciencias Económicas y vivía en el Centro de Estudiantes de su pueblo, Saladillo, en la ciudad de La Plata. Poco después del golpe del 24 de marzo de 1976, el Ejército había tratado de detenerlo en la casa de su familia, pero no lo encontró. Lo buscaban por los artículos que firmaba en el periódico El Argentino de Saladillo, dirigido por Julio Volonté, donde expresaba la posición del ala más progresista del radicalismo. Lo secuestraron la madrugada del 2 de junio de 1977, cuando volvía al Centro de Estudiantes, y lo llevaron a La Cacha.

Cuando, dos días después, volvió el grupo de tareas, comenzaron los interrogatorios bajo tortura. "Yo empecé a tratar de aplicar las cosas que me habían dicho; es decir, por ejemplo, que tratara de armar un esquema mental de respuestas a todo lo que yo podía pensar que se me podía interrogar, en donde no tuviera que ponerme a pensar, en ese momento, qué es lo que iba a responder. La cuestión era tener la respuesta en forma casi automática, repetirla siempre, aún en cualquier situación, en el mayor dolor, en la mayor desesperación, en la situación más extrema, y mantenerme siempre hasta al cansancio, no correrme nunca de ese testimonio, de ese argumento. Y cuando no daba más, fingir que entraba en paro para ganar dos o tres minutos en el momento de la tortura, porque dos o tres minutos en esa circunstancia son el infinito casi. Que gritara lo más fuerte que pudiera cuando era torturado porque de esa manera se descarga una parte de la energía y permite resistir mucho más", recuerda. Aún bajo tortura, Quinterno no tardó en darse cuenta de que las preguntas que le hacían no eran al boleo. "Se notaba que habían hecho una tarea de inteligencia previa, sabían casi todo sobre mí. Sabían de mi militancia en el radicalismo, y no les encajaba mi pensamiento ideológico con el partido en realidad, o por lo menos no les encajaba con el del partido que en ese momento, les parecía muy de izquierda. Buscaban saber si tenía una segunda militancia, oculta, de base erpiana, marxista leninista, porque decían que lo que yo había escrito durante tantos años tenía que ver con eso y no con el radicalismo. Querían que les dijera de qué manera había, de parte del ERP o de otra fuerza marxista leninista, un mecanismo de infiltración en otros campos políticos", explica.

Después de ser torturado durante dos o tres días, fue sometido a otro tipo de interrogatorio. Su nuevo interrogador era un ex militante de Montoneros, al que identifica como "el ingeniero". "Era el tipo que había diseñado las casas con habitaciones ocultas y que cuando cayó las entregó todas. A mí me hizo una especie de test ideológico, tratando de ver si me pisaba, si en la discusión se me escapaba algo que revelara mi supuesta militancia secreta", dice Quinterno. Después de eso, parecen olvidarse de su existencia. "Entré en una especie de stand by, donde me van pasando por distintos lugares dentro de la misma Cacha, que es lo que ocurría con todos. En realidad, nadie permanecía en el mismo lugar por más de cuatro, cinco, seis días. Con lo cual, todos fuimos girando en lugares que estaban más o menos expuestos, en la planta baja o en el sótano. En la planta baja te pateaban cada vez que pasaban; en cambio, en el sótano podías ver cuándo bajaban, de modo que nos podíamos levantar las capuchas, pero el problema eran las ratas que había y te mordían. Eso no te dejaba dormir", recuerda.

Héctor Quinterno fue liberado la noche del 8 de julio de 1977. Lo sacaron de La Cacha en el baúl de un auto y lo dejaron en las afueras de La Plata, con cinco pesos en el bolsillo. Ahora, con el elevamiento a juicio de la causa, espera que se haga justicia.

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