El gobernador mendocino había esgrimido como un logro político el nuevo acuerdo por la promoción industrial pero, a renglón seguido, sufrió un duro desplante de Néstor Kirchner. Gabriel Bustos Herrera -
Volvía de Estados Unidos -donde fue con un grupo de bodegueros a promocionar los vinos de Mendoza- cuando el viernes el destino se ensañó con él, nuevamente. A pocos días de la audiencia pública para la discusión del polémico proyecto cuprífero de San Jorge (en Uspallata, sobre la ruta a Barreal, a 18 kms del límite con San Juan), la Iglesia, formalmente en la persona del arzobispo José María Arancibia e incentivada por el cura de Uspallata -un militante ambientalista- se le plantó a Jaque y le entregó un informe advirtiendo el clima social de crispación que se vive en la villa cordillerana (ya están allí "profesionales" de la anti minería, claro) y poniendo en duda los datos técnicos que hasta ahora se han esgrimido para dejar avanzar la propuesta minera. Saltaron los tapones, en el Barrio Cívico: Es la primera vez que la Iglesia -formalmente y con sus máximas autoridades a la cabeza- se le plantaron al Ejecutivo y le objetaron una medida de política económica, en este caso de promoción de la actividad minera. Jaque salió, airado, a decirle a los medios que la intromisión eclesiástica era "una aberración", que no estaba dispuesto a parar el proceso de determinación ambiental del proyecto San Jorge y que garantizará la paz social y el libre debate de los vecinos en Uspallata (este martes, en Vialidad Nacional de la villa). Pero a las pocas horas, el ambientalismo ya había expuesto en medios de difusión y en la calle su aceitada artillería. Reaccionaron un centenar de ingenieros de la UTN, de la UNC contra los informes que avalan el proyecto, mientras varias ONG y organizaciones políticas-ambientalistas (el PO y el Proyecto Sur de Solanas) han comenzado a ordenar a su tropa en el terreno.


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