Jaque y Cobos, vidas no tan paralelas

A pesar del abismo que los separa, los dos últimos gobernadores de Mendoza -Julio Cobos y Celso Jaque- poseen varios parecidos entre sí, tanto en sus personalidades como en sus estilos de gestión.
Es que ambos podrían componer brillantemente ese recordado personaje de Osvaldo Soriano que se definía así: “Yo siempre fui peronista, nunca me metí en política”. Con la única diferencia -adjetiva, menor- de que Jaque es peronista desde siempre mientras que Cobos se hizo peronista en la mitad de su gobernación, precisamente para no meterse en política. Mejor dicho, para que la política se la hiciera Néstor Kirchner, como se la hace a Jaque ahora.

Julio Cobos vivió sus dos primeros años de gestión intentando construir un imposible: un gobierno conducido por él, al mismo tiempo que el radicalismo era conducido por su antecesor en el cargo, Roberto Iglesias. Hasta que (quizá inspirándose en Perón, quien solía explicar que es mucho mejor un gobierno conducido por una cabeza mediana que por dos cabezas geniales) rompió con Iglesias.

Pero como seguía sin tener una política propia, se alió con el entonces presidente Néstor Kirchner que, a cambio de su subordinación nacional, le permitió que manejara Mendoza él solito. Así, no sólo se sacó de encima a todos los que lo condicionaban en la provincia sino que hasta fue premiado con la vice de la Nación.

En 2003 nadie creía que Julio Cobos ganaría la gobernación al supuesto número puesto de entonces, el peronista Guillermo Amstutz. Pero la férrea determinación de Iglesias en ponerle política a un candidato presentable con cara de “no político” -a tono con los reclamos de la época- logró imponerlo como su sucesor.

Igualmente, en 2007, nadie creía que Celso Jaque ganaría la gobernación al supuesto número puesto de entonces, el radical César Biffi, candidato de la colosal alianza Kirchner-Cobos.

Pero la férrea determinación de Juan Carlos Mazzón en ponerle política a un candidato voluntarioso que prometía mover montañas con su sola fe (como terminar con el 30% de la inseguridad sólo en 180 días... “y eso sólo para empezar”), logró la proeza de que en Mendoza volviera a gobernar el peronismo e, indirectamente, de que hasta el mismo Kirchner abandonara su manía “transversal” y volviera a la casita de sus viejos peronchos.

Durante sus primeros dos años de gestión, Jaque intentó -como antes hiciera Cobos- construir un imposible: un gobierno peronista suyo solo, de signo conservador dentro del universo progre-populista del kirchnerismo. A tal fin, convocó a empresarios para economía, hombres de la Iglesia para educación o políticas sociales, y demócratas para seguridad.

Sólo pudo lograr que estos últimos le aceptaran el convite pero, al poco tiempo, el ala izquierda del kirchnerismo acabó con esas fantasías. Desde ese momento Jaque vagó por las nubes de Úbeda ya que Mazzón no quería conducirlo políticamente -como Iglesias pretendía con Cobos- sino sólo manejar aisladamente algunas áreas estratégicas. Pagó su falta de política con una brutal derrota ante las huestes cobistas, ya liberadas del yugo K.

Hasta que, al cumplir dos años de gestión, encontró definitivamente su ubicación en el universo K encerrándose en su ínsula cuyana, municipalizando su gestión ante la imposibilidad de poder mantener la autonomía provincial en un país centralizado totalmente en recursos y decisiones; sentándose en la primera fila de todos los discursos de la presidenta de la Nación y del presidente del Partido Justicialista, como su mejor alumno, intentando traducir en Mendoza las directivas emanadas de los únicos que hoy hacen política en el país.

Y así como Cobos gobernador supo hacer de la necesidad virtud, disfrazando su carencia de política propia con esa cara de hombre no político que tanto le gusta a la sociedad, hoy Jaque intenta disfrazar su carencia de política propia con esa cara de hartazgo que pone cuando se le pregunta sobre cuestiones políticas, aduciendo que no tiene tiempo de pensar en ellas porque se pasa todo el día trabajando.

Dos claros ejemplos de políticos mendocinos que “nunca se metieron en política”.

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