Río de Janeiro cierra el basural más grande de América Latina

Río de Janeiro cierra el basural más grande de América Latina
Antes de la cumbre medioambiental las autoridades limpiarán la zona donde día a día descargan desperdicios 800 camiones. Indemnizarán a los recicladores con 14 mil reales.

A Antônia el orgullo se le hace sonrisa y la incertidumbre, lágrima. Parada en la cima de una montaña de desechos de 60 metros de altura, detiene un momento su faena, yergue su espalda sudada y sus ojos oscuros, endurecidos dicen al noticiero más que sus palabras. “Quisiera tener otra vida, pero no siento indigna esta. Lo que me da miedo es qué daré a mis hijos cuando esto acabe.” “Esto” es Jardim Gramacho, el basural más grande de América latina. Está ubicado en las afueras de Río de Janeiro y será cerrado en menos de una semana. La de Antônia es una de las miles de historias de aquellos que malviven recolectando desperdicios para la pujante industria del reciclaje.

El fin, al menos en lo formal, de Jardim Gramacho tuvo idas y vueltas. Tantas que los cariocas las consideraban una nueva piada (chiste) de las autoridades. Es la intención de posicionar a Cidade Maravilhosa como “capital verde” mundial antel a Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que se celebrará aquí del 13 al 22 de junio, lo que llevó a la elite fluminense a ponerle fecha de cierre sin más dilaciones. Será, según la última promesa oficial, el 1 de junio.

Atrás quedará una de las pesadas herencias de la dictadura brasileña. Jardim Gramacho fue inaugurado en 1976 en Duque de Caxias, un municipio lindante con Río. Para algunos especialistas, su ubicación no pudo haber sido peor. Las tierras y ríos que sustentaban un bioma tropical hirieron de muerte, a partir de entonces, la margen norte de la Bahía de Guanabara, aquella que jamás aparece en las postales turísticas.

Son 1,3 kilómetros cuadrados donde se amontonan a diario 8000 toneladas de desechos de una sociedad que, en los últimos años, sumó millones de invitados a su fiesta de consumo. El 80% de lo que descartan Río y las poblaciones de la Baixada Fluminense va a Jardim Gramacho, allí donde el desperdicio también adquiere dimensiones humanas.

La Asociación de Catadores del Relleno Metropolitano de Jardín Gramacho(ACAMJG, según su sigla en portugués) cuenta con 1600 registrados. Pero el número de recicladores “independientes” llega cuanto menos al doble, sobre todo cuando la noche y las coimas relajan los controles de acceso al basural. Hombres, mujeres y, hasta no hace mucho tiempo, niños cuyos lazos de clase no los privan de disputarse a manotazos las bolsas pestilentes que vomitan sobre ellos 800 camiones al día. “El que agarra más rápido, agarra mejor. Va a ‘hacer’ su (bolsón de) lona antes que los otros”, explica Sebastião da Silva.

Una tarea que a algunos, a fuerza de juntar lo que ordenen las 42 acopiadoras aledañas a Jardim Gramacho, el segundo eslabón de una industria de reciclaje que demanda con avidez papel, cartón, vidrio, plástico y metal, les deja unos 1200 reales (2640 pesos). Eso sí: tienen que deslomarse de lunes a lunes, de sol a sol. La mayoría obtiene la mitad. Y no le alcanza para cancelar el fiado que acumulan en bares y almacenes, lo que potencia aun más el trabajo esclavo.

Unos y otros reciclan 200 toneladas de desechos al día, el equivalente a lo que descarta en ese mismo lapso una ciudad de 400 mil habitantes. Ese trabajo movilizó 24 millones de reales (52,8 millones de pesos) durante 2011. Una cifra que no contempla el valor agregado y las utilidades del resto de una cadena de producción de la que, directa e indirectamente, participa el 60% de los 20 mil habitantes de las favelas que se agolpan alrededor de Jardim Gramacho.

Los recicladores de la ACAMJG recibirán una indemnización de 14 mil reales (30.800 pesos) y cursos de reconversión laboral. “Ese dinero, para quienes trabajaron toda la vida, no es nada. ¿Qué será de nosotros?”, dijo a una agencia informática Ana Carla Nistaldo, quien pasó la mitad de sus 32 años recogiendo material reciclable. El dinero saldrá del Estado, mientras la concesionaria Nova Gramacho hace realidad su plan de convertir en 232 millones de dólares el gas metano producto de la descomposición de la basura orgánica de Jardim Gramacho. Es una de las varias corporaciones que están desembarcando en la zona. <

El arte como elemento transformador

“Nunca imaginé llegar a ser una obra de arte.” Tião Santos despunta los 33 años, preside la ACAMJG y sus ojos explotan en llanto luego de ver cómo en un mercado de subastas londinense una fotografía suya alcanza los 100 mil reales (220 mil pesos).

Allí lo llevó Vik Muñiz, quien dejó atrás una vida tan miserable como la de Tião, sólo que en San Pablo, para llegar a ser el artista visual brasileño que más vende en el mundo.

¿Puede el arte transformar a las personas? ¿Cuáles son los efectos de esa eventual transformación?

Estas inquietudes condujeron a Muñiz desde Nueva York a Jardim Gramacho, donde seleccionó, entre otras miles, una decena de “vidas” y las invitó a co-crear autorretratos hechos con los mismos desechos que recogen a diario. El resultado de esa experiencia puede verse en el documental Basura extraordinaria, cuya versión completa está disponible en YouTube .

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