El investigado ex funcionario desembolsó recursos del Banco Nación para la compra de dos Boeing. El rol de un misterioso lobbysta.
La adquisición fue tan sospechosa como la de los veinte aviones adquiridos a Embraer. Se pagó al contado –fueron 80 millones de dólares sacados del Banco Nación más 10 millones extras– y la gestión fue impulsada por un extraño personaje que sin cargo, pero con despacho, ejercía una notable influencia dentro de la empresa estatizada.
Se trata de Carlos Vázquez, un ex gerente despedido por los españoles de Marsans en 2000, acusado de ser un lobbysta encubierto de Boeing. Vázquez recaló otra vez en AA bajo el ala del secretario general del gremio de pilotos, Jorge Pérez Tamayo.
El 8 de junio de 2009, la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, anunció con bombos y platillos la incorporación de las aeronaves a la flota. Lo que permaneció en las sombras fue la maniobra con la que se ejecutó la compra.
Antes de que el Gobierno diera el OK para desembolsar 80 millones de dólares cash, gerentes técnicos de AA prepararon informes desaconsejando la transacción, por varias razones. Los dos Boeing no tenían hornos de cocina, estaban diseñados con un estándar de bajo costo, y había que hacerles muchas refacciones para ponerlos en condiciones. Tantas, que se pagaron 10 millones de dólares adicionales para colocarlos a la altura de la competencia.
El entonces presidente de Aerolíneas, Julio Alak, se oponía a la operación. Pero la presión de Vázquez, que estaba de la mano con el secretario general de los pilotos, Jorge Pérez Tamayo, pudo más y la decisión política vino de arriba. El que otorgó luz verde fue el secretario de Transporte, Ricardo Jaime. "La resistencia a la operación había causado distintos boicots al funcionamiento cotidiano de Aerolíneas y no podían tirar más de la cuerda", comentaron a PERFIL fuentes internas de AA.
A Vázquez todos le temen. "Saben que como está con Tamayo pueden perder su empleo en la empresa. ¿Por qué? Porque adentro de Aerolíneas se hace todo lo que manda Tamayo, si no, te boicotea los vuelos", expresó un alto funcionario del Gobierno. Explicó sobre Vázquez: "Se metía en todas las oficinas y tenía mail propio, pese a que no ocupaba ningún cargo". Ahora, la denuncia se le volvió a Vázquez en contra, como un búmeran.
La compra a Embraer había sido cuestionada por el costo. Se pagó por cada aeronave un total de 30,5 millones de dólares más 4 millones de dólares de refacciones por cada una. Si bien se trata de aviones diferentes, los gerentes técnicos de Aerolíneas consideraron inadecuado el precio de los Boeing, pero la compra se hizo igual.
"Son los únicos aviones que pueden aterrizar en lugares de altura, como Bogotá y La Paz, dos destinos que no teníamos cubiertos", manifestó otra fuente de la empresa. Pero la situación de default del país hizo que esas aeronaves quedaran limitadas a cubrir los vuelos de cabotaje.
"Todos miran la compra de Embraer, pero nadie habla de esto, que es un escándalo", se quejó un piloto en diálogo con PERFIL



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