Con el presidente Nicolas Sarkozy ordenando a sus filas conservadoras para "desdramatizar" la derrota del fin de semana pasado, los socialistas, los ecologistas y el resto de la izquierda armaron una alianza con la que buscan imponerse masivamente en la segunda vuelta del próximo domingo en las elecciones regionales francesas. La última escala antes de las presidenciales del 2012.
Más que una autocrítica, una lluvia de reproches de sus propias filas de la UMP cayó sobre el Palacio del Elíseo y todos apuntan a las incoherencias políticas del presidente Nicolas Sarkozy. Desde el proceso de "apertura" o transversalidad política al xenófobo debate sobre la identidad nacional o al estilo de jefe de Estado, que confunde y molesta a su propio electorado con su comportamiento. El senador de la UMP, Philippe Dallier, apuntó a la coherencia. "Entre el Sarkozy liberal de sus primeras horas al Sarkozy muy intervencionista después de la crisis, eso perturba a nuestra electorado", señaló.
Los rumores de infidelidades mutuas entre Sarkozy y la primera dama, Carla Bruni, y su comportamiento brusco también lo separan de un electorado conservador, que quiere preservar la imagen presidencial más allá de quién la ejerza: por eso han querido hacerle un severo llamado de atención, aseguran los analistas franceses en estos días.
Los simpatizantes de la UMP no quieren que se repita nuevamente "el circo" emocional de la elección presidencial entre Sarkozy y Cecilia, su ex esposa.
Según Jacques Domergue, diputado de la UMP, "nuestros electores esperan una política, pero también un comportamiento. El estilo del jefe de Estado ha creado dudas sobre su persona".
La primera sorpresa de los derrotados de la UMP fue encontrar al presidente "optimista," cuando los recibió el lunes tras la catástrofe electoral de la primera vuelta. Comparó su situación a la del presidente Barack Obama en EE. UU. y la del premier Gordon Brown en Gran Bretaña, y aseguró a sus aliados que su mayoría resistió mejor.


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