El escenario político neuquino se rearma en función del resultado de la interna radical. Más allá de los detalles, es un impacto renovador. Aquí, algunas consideraciones hechas cuando los votos de la UCR estaban todavía calientes.
El primer punto importante a considerar es que el radicalismo confirmó su renacimiento. Votaron en la interna más de 5 mil afiliados, poco menos del 50 por ciento del padrón radical. Se veía venir, pero la realidad aporta un veredicto que no da para discusiones: La UCR será protagonista en 2011, en un contexto nacional que es semejante al que se vive en Neuquén.
El segundo punto interesante es remarcar que el radicalismo ha elegido un candidato a gobernador, pero es indudable que el peso de esta elección implicará una necesaria renovación en su conducción. Con Quiroga, perdió el Comité provincial conducido por Eduardo Benítez. Quienes respaldaron a Farizano, irán ahora por la conducción del partido, y se abre un nuevo período, que será inexorablemente de negociaciones antes de asumir la próxima elección interna, si es que la hay.
El tercer punto viene atado al segundo. La UCR deberá definir su estrategia de alianzas en este nuevo contexto. La elección partió al medio al partido, en función de la escasa diferencia que separó al ganador del derrotado. Pero las elecciones se ganan aunque sea por un voto, y será lícito y lógico que quienes ganaron impongan ahora condiciones a quienes perdieron.
En el país, la UCR enfrentará a los Kirchner. En Neuquén, al MPN. Esto es lo primero que marcan quienes, este domingo, ganaron la interna. La diferencia no es semántica, sino política. Farizano ha explicitado que su línea es liderar una coalición lo más amplia posible. Concretamente, invita a un baile sin tarjeta, con entrada libre y gratuita. Solamente hará falta cumplir ciertos requisitos programáticos, aunque subordinados al principal: sumar para vencer al MPN. Es la técnica del “paraguas local” que ya se aplicó en el Municipio. Una receta que le da prioridad a los intereses del distrito antes que a la coyuntura nacional: no la desconoce, pero la traduce.
El sector derrotado, el del diputado nacional Quiroga, advirtió antes y seguirá manteniendo que el baile debe tener una entrada más condicionada. Que no se trata solo de ganar, sino, fundamentalmente, de gobernar después del triunfo.
Pero esto suena ya a cosa superada. Es notable como una elección puede cambiar el escenario. Ha caído, muy posiblemente, un telón sobre cualquier advertencia o premonición de futuros inconvenientes: el entusiasmo renovador será, previsiblemente, imparable, al menos en los días siguientes.
Hay otro punto de los importantes a considerar. La candidatura de Martín Farizano a la gobernación deja libre la candidatura a la Municipalidad de Neuquén.
Este será un capítulo importante de la coyuntura que viene. Farizano ha anticipado que su competencia por la gobernación no implicaría que la UCR resigne competir una vez más por la Intendencia más importante de la Patagonia. Pero al no haber un proyecto de reelección, la competencia se abre de una manera distinta, también para quienes acompañan a Farizano en la actual gestión desde otro partido.
La consecuencia más directa y rápida, es que podría haber necesidad, el año que viene, de hacer internas abiertas para elegir quién será el candidato de la coalición que integra actualmente la UCR, y que comparte con el PJ, UNE, Libres del Sur, ARI, Frente Grande. Algunos con mayor fundamento, otros con menor peso en los argumentos concretos, todos querrán competir con quien designe el radicalismo.
El escenario no cambia solamente por estos apuntes rápidamente enumerados. También hay que tener en cuenta la singularidad del proceso que provocó que hoy Farizano, con mucha anticipación, sea el candidato a gobernador de la UCR. Porque implicará una influencia muy posible sobre el electorado neuquino.
En primer lugar, porque Farizano es una persona con perfil muy distinto al que ha distinguido a la mayoría de los políticos neuquinos hasta aquí. Es un hombre casi sin antecedentes históricos en la política provincial. Comenzó a ser conocido como funcionario de Quiroga. En solo diez años fue concejal, intendente y ahora candidato a gobernador. Esa condición de “tapado” puede deslumbrar a muchas personas que fatigan el diccionario buscando palabras que sean distintas a las escuchadas todos los días. Farizano lo sabe, y por eso habla de “ideas nuevas”. Son las suyas, y se compartan o no, en muchos casos son realmente originales.
En segundo lugar, la posibilidad que tiene Farizano ahora fue producto de una decisión a la que fue empujado por Quiroga y el sector que representó y representa todavía, con una fuerza que no puede ni debería subestimarse. Fueron Quiroga y sus correligionarios Benítez, Inaudi, Burgos, los autores de esta fulgurante historia, escrita a los apurones. No salió como esperaban, y la historia no volverá atrás. Pero es lógico suponer que el paso que le queda por dar ahora al radicalismo neuquino es tan importante como el que ha dado. Porque ese paso, indicará si hay unidad. Es decir, si la mitad Quiroga se funde con la mitad Farizano, posibilitando al menos una zona de intersección…o si se abre una brecha que puede convertirse en un abismo lleno de interrogantes.
El flamante candidato a gobernador por el radicalismo ha dicho que no cree en los personalismos. Le gusta imaginar que lo que se hace en política es responsabilidad de las ideas que se acuerdan y llevan adelante. En esta visión, la persona es causa y efecto, en una relación dialéctica, siempre en movimiento. La persona es quien tiene ideas, y quien después se atiene a ellas, se subordina, y las respeta.
Pero la política es algo más complicada. La política exige. Es una demanda permanente. Y es una garantía de algo no placentero: muchas veces, se hace lo que no se quería o pensaba hacer.
El escenario neuquino ha vuelto a cambiar. Ahora queda saber fundamentalmente qué pasará en el MPN. Después de la victoria de Farizano, en este partido también se aceleran los tiempos, y –tal vez- mucho más las ansiedades.
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