Pese a que el oasis sur de Mendoza es el más extenso y abarca casi el 57% del territorio provincial, además de contar con dos ríos regulados y una de las redes de canales de riego más extensas, no tiene ni siquiera la prerrogativa de administrar su recurso más importante: el agua.
El Departamento General de Irrigación tiene su sede central en la ciudad de Mendoza, y allí se toman decisiones cruciales para el futuro de nuestros productores, que hace años asisten impotentes al deterioro de sus tierras, afectadas por salinización y revenimientos, ante la indiferencia de la administración del agua y de sucesivos gobiernos provinciales.
De nada han servido hasta ahora los reclamos por el impacto de las así llamadas “aguas claras” en las tierras cultivables del oasis ni los intentos por gestionar una administración autónoma de sus recursos. Hoy, cuando el aparato productivo se ha deteriorado hasta lo insostenible, la propuesta superadora del Gobierno de Pérez es expropiar los predios agrícolas abandonados o con deuda acumulada sin ninguna precisión acerca de su futuro.
Pero esta gestión, tan centralista como las que la precedieron, pierde de vista un hecho central: la obra de Portezuelo del Viento con el trasvase de agua de río Grande al Atuel, duplicará las tierras bajo riego en el oasis, erigiéndolo en el más importante de la región, no ya de la provincia.
Ese hecho debería bastar para considerar seriamente, tal como se hizo con la Dirección de Ganadería en General Alvear, la instalación del Departamento General de Irrigación en el epicentro hídrico de Mendoza, en lugar de mantenerlo a la sombra de la administración central para seguir medrando con el “acomodo” político de los amigos de turno, por más que hoy haya un hombre del sur provincial al frente de este organismo.
Pérez sigue negando lo evidente, mientras replica el criterio centralista del Gobierno Nacional: un país es tan rico como sus provincias, y éstas tan ricas como sus regiones. Su estilo es el mismo que ha causado la pérdida de liderazgo de Mendoza en el oeste argentino, resignando el sano orgullo que alguna vez nos asistió.
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