La iraní condenada por adulterio no será lapidada: irá a la horca

La iraní condenada por adulterio no será lapidada: irá a la horca
Ahora fue sentenciada por el crimen de su esposo. Y por ese delito será ahorcada.
Sakineh Mohamadi Ashtiani, la iraní de 43 años por la que clama compasión gran parte del mundo, sigue acumulando castigos brutales. El fiscal general de Irán, Gholam Husein Mohseni Ejei, anunció ayer que la mujer recibió una segunda condena a muerte, en este caso por complicidad en el crimen de su esposo, y ahora será ahorcada en lugar de lapidada .

A través de la agencia oficial Mehr, el funcionario judicial –que al mismo tiempo es clérigo– explicó que “de acuerdo con la decisión del tribunal, ha sido acusada de asesinato y la pena por este delito tiene preeminencia sobre el otro de adulterio”. Anticipando las críticas, afirmó que “la cuestión no debe ser politizada”. Y agregó: “El Poder Judicial no se puede dejar influir por la campaña de propaganda emprendida en Occidente”.

El calvario de la mujer comenzó en 2005 cuando su marido fue asesinado. Desde entonces está presa. En 2006 un tribunal la encontró culpable de mantener una “relación ilícita con un hombre y la condenó a recibir 99 latigazos. En Irán, un país profundamente musulmán, está prohibida cualquier relación sexual fuera del matrimonio. Durante el juicio por el asesinato de su esposo, un juez sugirió que podría existir un vínculo amoroso entre Sakineh y el acusado de haber matado a su esposo. Sin pruebas, otro tribunal reabrió su caso y consideró que mantuvo relaciones con ese hombre mientras su esposo estaba vivo, por lo que se consideró adulterio.

Entonces fue condenada a morir lapidada , como marca su Código Penal.

La pena despertó una oleada de críticas y protestas internacionales contra Irán, lo que obligó al régimen a suspender la sentencia y afirmar que se encontraba bajo revisión. Tratando de contrarrestar la presión externa, la televisión oficial iraní difundió un par de semanas después una supuesta entrevista a Ashtiani donde confesaba haber mantenido una relación fuera del matrimonio con un hombre y haber participado en la muerte de su marido.

Ahora, tras un juicio rápido y del que no se tiene información, la justicia clerical iraní la condenó a muerte por la horca. Así suspende la lapidación, pero no evita su muerte.

El caso también abrió una agria polémica en el seno del régimen iraní, con declaraciones contradictorias entre el Ejecutivo y el Poder Judicial. La semana pasada, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, reiteró que no existía la condena a muerte y que se trataba, igualmente, de propaganda, pero luego comparó su caso con el de Teresa Lewis, la mujer que el pasado jueves fue ejecutada en Estados Unidos por un delito similar: el crimen de su esposo. Ahora, la nueva sentencia coincide con su argumentación de que se trata simplemente de un caso de asesinato. El autor del crimen del marido de Ashtiani está preso, pero no irá al cadalso.

Daniel Vilaró, vocero de Amnistía Internacional, dijo que en realidad “no le han suspendido la condena, sino el método con el que será ejecutada”. “Denunciamos la irregularidad del proceso; Sakineh no ha tenido un juicio justo, no tiene ninguna garantía”, explicó.

Junto a Estados Unidos, China y Arabia Saudí, Irán es uno de los países que más condenas a muerte aplica en el mundo.

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