Invierten pocos, acceden menos

Más de la mitad de los departamentos de la provincia se destina a alquiler. La gran mayoría de los que compra lo hace como inversión y no con motivos habitacionales.
La mitad de los jóvenes de entre 14 y 34 años no es propietaria de la vivienda en donde reside. La inexistencia del crédito hipotecario y el divorcio entre el salario real y el precio de las propiedades excluyen a miles de neuquinos del mercado inmobiliario.

Las lecturas posibles son muchas, pero el Censo 2010 permite reconocer dos características centrales del mercado inmobiliario neuquino:

*Concentración: Sólo el 36% de los hogares que vive en un departamento es propietario de su vivienda. Es decir que el 64% restante alquila o, como suele decirse, “vive de prestado”. En los últimos 10 años se crearon en la provincia más de 6.500 unidades nuevas de este tipo. La gran mayoría de ellas fueron para inversión. La conclusión es sencilla: en un mercado donde el acceso al crédito es casi imposible, sólo un sector privilegiado con capacidad de ahorro puede comprar departamentos. Y lo hace, claro está, no para vivir en ellos, sino para alquilar. La renta de las propiedades ha ido bajando, pero a los ojos de los neuquinos el ladrillo sigue siendo el refugio de valor elegido.

*Los jóvenes afuera: Los mercados excluyen por naturaleza. En este caso, sin embargo, la brecha asombra. Sólo la mitad de los jefes de hogar de entre 14 y 34 años es propietario de la vivienda donde reside. El resto, otra vez, alquila o comparte. Existen cientos de familias jóvenes que todavía comparten vivienda con sus progenitores, ante la imposibilidad de acceder a una nueva.

Incluso cuando se poseen ingresos suficientes para pagar un alquiler, la oferta crediticia es escasa para alcanzar el precio de una vivienda en Neuquén. La otra pata de la ecuación es la dispar respuesta del Estado. La demanda de vivienda social, aunque lejos de satisfacerse, fue atendida en buena parte de la provincia. Sin embargo, la clase media neuquina quedó relegada de estos planes y también lo está del mercado inmobiliario.

Explicaciones

“No hay capacidad económica para acceder a una vivienda”, aseguró el presidente del Colegio de Martilleros de Neuquén, Guillermo Reybet. Allí, según él, radica buena parte de la explicación a los dos fenómenos enumerados más arriba. “Los préstamos hipotecarios son inaccesibles y es cada vez mayor el divorcio entre los salarios y los precios de las propiedades”, remarcó.

Consultado sobre la concentración del mercado, Reybet insistió: “Sólo compra el que tiene capacidad”. “Los precios se dispararon por el incremento en los costos de la construcción. Calculamos que en Neuquén fue de alrededor del 25% en 2011”, señaló.

El empresario descartó que se esté generando una burbuja inmobiliaria en los centros urbanos de la provincia. “Es imposible que ocurra porque no existe el crédito hipotecario”, remarcó.

Con respecto al escaso acceso de los jóvenes a la vivienda, señaló que existen sectores excluidos del mercado. “Faltan planes del gobierno como los Fonavi. Para la gente de bajos ingresos el Estado genera viviendas aunque no en gran medida. La gente de ingresos altos puedo comprarse la suya propia. Ahora, el sector medio, empleados administrativos, de comercios o no jerárquicos ¿cómo hacen?”, se preguntó Reybet.

Se trata en su mayoría de sectores con capacidad de ahorro, que pueden, por ejemplo, comprarse un cero kilómetro y pagar un alquiler, pero que no logran acceder a una vivienda. El crédito hipotecario, en tanto, brilla por su ausencia: sólo el 6% de las operaciones del país se realizan con financiación de los bancos.

¿Quiénes compran en Neuquén?

Sin ahondar demasiado en la cuestión, es posible trazar un perfil del comprador de viviendas en Neuquén: existe una clase media-alta, generalmente profesionales relacionados con el petróleo u otras actividades, con gran capacidad de ahorro.

Para el economista de la Universidad del Comahue, Humberto Zambon, son varios los factores que los lleva a invertir en vivienda. “Por su formación, tiempo disponible e inclinación, no invierten directamente en actividades comerciales o productivas”, señaló.

Esto se da, según el especialista, por tres variables:

1-Saben que la tasa de interés de los ahorros en pesos es negativa.

2-La moneda extranjera, tanto el euro como el dólar –otrora destintos de sus ahorros- están sujetos a una depreciación permanente.

3-No hay mercado para el ahorro en acciones (que es como se canaliza en los países centrales) y existe un mal recuerdo de los fondos de inversión administrados por los bancos.

“Lo único que queda es la inversión en tierra o ladrillos, que asegura la conservación del valor en el tiempo y, además, da una renta (aunque en porcentaje esté en disminución)”, detalló el especialista.

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