Investigadores de la UNLPam, coautores de un artículo en Science

Un equipo internacional de investigadores, en el que participa la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), concluyó un estudio empírico cuyos resultados sugieren que la preservación de la biodiversidad vegetal es crucial para frenar los efectos negativos del cambio climático y la desertificación en zonas áridas.
La investigación fue publicada en la prestigiosa revista Science, bajo el título "Plant species richness and ecosystem multifunctionality in global drylands".

Según informaron desde la UNLPam, el trabajo fue liderado por el joven investigador español Fernando T. Maestre, y del mismo participaron tres grupos de investigadores argentinos.

En el caso de la Universidad Nacional de La Pampa, la investigación fue firmada por los doctores Aníbal Prina y Ernesto Morici. También, según informó Prensa, participaron la licenciada Graciela Alfonso, el licenciado Ricardo Ernst, la ingeniera Eugenia Estanga Mollica y el doctor Walter Muiño, todos pertenecientes a la Facultad de Agronomía y a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de esta universidad.

Si bien esta publicación es el corolario y el premio a este gran esfuerzo colectivo, hubo numerosas presentaciones previas a congresos con los resultados parciales obtenidos en las parcelas ubicadas en La Pampa.

Los resultados de este estudio indican que el funcionamiento del ecosistema mejora conforme aumenta el número de especies vegetales, y que el funcionamiento disminuye conforme aumenta la temperatura media anual, en zonas áridas de todo el planeta.

Si bien existen evidencias de que la biodiversidad es un factor importante para el correcto funcionamiento de los ecosistemas y que, por lo tanto, aquellos en los que conviven más especies proporcionan más servicios y funcionan mejor, este estudio es el primero en evaluar de forma explícita las relaciones entre la funcionalidad del ecosistema y la biodiversidad bajo condiciones naturales a una escala global. Los resultados del mismo indican que el número de especies de plantas está directamente relacionado con el funcionamiento del ecosistema, y éste, a su vez, con la temperatura media anual, en zonas áridas de todo el planeta.

El muestreo de campo, informó la UNLPam, ha consistido en una observación directa de 224 ecosistemas naturales dispersos a lo largo de 16 países de todos los continentes, excepto la Antártida, y ha sido completado por un escrupuloso examen de más de 2600 muestras de suelo, llevado a cabo en los laboratorios de las universidades Rey Juan Carlos (REDLABU), Pablo de Olavide (Sevilla) y de Jaén.

Los investigadores han analizado 14 variables relacionadas con el ciclo de elementos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno y el fósforo, que son a su vez buenos indicadores del funcionamiento de los ecosistemas y de los servicios que nos prestan (mantenimiento de la fertilidad del suelo, control de la erosión, regulación del clima mediante la fijación de CO2 atmosférico, etc.). De esta forma, no sólo se ha estimado el estado funcional de los ecosistemas, sino que se ha obtenido información para poder identificar el inicio de procesos de degradación de los mismos que, en zonas como las estudiadas, pueden llevar a su desertificación.

Las zonas áridas tienen gran importancia a nivel mundial, ya que cubren el 41% de la superficie terrestre, alojan al 38% de la población humana y poseen una gran significación para el mantenimiento de la biodiversidad global, al albergar el 20% de los principales centros de diversidad de plantas y el 30% de las principales áreas de aves endémicas. Estos ecosistemas son también muy vulnerables ante el cambio climático y la desertificación, dos de los principales problemas ambientales a los que se enfrenta la humanidad. "Este estudio proporciona evidencias empíricas sobre la importancia de la biodiversidad para mantener y mejorar la funcionalidad de los ecosistemas áridos, semi-aridos y seco-subhúmedos. La calidad y cantidad de servicios ecosistémicos depende en buena medida de variables como las evaluadas, por lo que los resultados obtenidos indican que el aumento del número de especies de plantas puede mejorar la provisión de los mismos. Igualmente, y dado que la desertificación a menudo comienza con la pérdida de la fertilidad del suelo, dicho aumento puede también aumentar la resistencia del ecosistema frente a la desertificación", afirma el doctor Maestre.

En definitiva, este trabajo pone de manifiesto la necesidad de considerar la biodiversidad a la hora de conseguir ecosistemas más funcionales y resistentes frente al cambio climático y la desertificación. "Los resultados indican que el calentamiento global que está sufriendo el planeta disminuirá la funcionalidad de las zonas áridas, lo que repercutirá negativamente en su capacidad de producir servicios clave para el mantenimiento de la vida sobre el planeta. A día de hoy no somos capaces de ponernos de acuerdo en limitar las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global, pero podemos contribuir a minimizar las consecuencias negativas del mismo, y a promover la resistencia de los ecosistemas frente a la desertificación, si se toman acciones decididas para conservar y restaurar la biodiversidad vegetal", concluye Maestro.

La publicación de este estudio es la culminación de cinco años de investigaciones, y de un esfuerzo colectivo en el que han participado más de 50 investigadores pertenecientes a 30 instituciones de 16 países diferentes entre los que es importante destacar la participación de grupos de investigación compuestos por botánicos y ecólogos de varios países latinoamericanos como México, Venezuela, Brasil, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Los experimentos de campo fueron en su mayoría financiados por las instituciones a las que pertenecen estos grupos. Asimismo se puso de manifiesto la colaboración técnica entre grupos en diversas oportunidades.

Gracias a ello han quedado representados en este trabajo la mayoría de los variados ecosistemas áridos y semiáridos de este continente.

Todo este trabajo, coordinado y liderado desde la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) por el profesor Maestre, ha podido ser ejecutado gracias a la financiación aportada por numerosos organismos públicos y fundaciones privadas en los distintos países. Entre los fondos recibidos destacan muy especialmente el proyecto BIOCOM, dirigido por Maestre y financiado por el programa Starting Grants del Consejo Europeo de Investigación (una de las convocatorias de proyectos más prestigiosa a nivel mundial, dedicada a financiar proyectos punteros de jóvenes investigadores) y la red de investigación EPES, financiada por el programa Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) y coordinada por el Catedrático de Ecología de la URJC Adrián Escudero.

Finalmente y más allá de este logro editorial al haber podido publicar estos resultados en una revista de la importancia de Science, queda de manifiesto que la participación coordinada de numerosos grupos de investigación es posible, y que los resultados así obtenidos son sumamente valiosos por ser globales. A partir de la constitución de esta red surgieron alternativas de trabajo que se desarrollaron exitosamente: tal fue la colaboración de Prina con el grupo de México, liderado por Elizabeth Hubber-Sanwald, para relevar los datos florísticos en la región del matorral del centro-norte de ese país, con financiación del propio EPES, y actualmente los estudios de flora que este mismo investigador está llevando a cabo de manera conjunta con el grupo de botánica de la Universidad Técnica Particular de Loja mediante un convenio recientemente firmado entre esta Universidad y la Universidad Nacional de La Pampa, con la financiación de una Beca Prometeo del gobierno de Ecuador.

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