Invernaderos para salir al mercado en el mejor momento

Cada vez más productores utilizan estructuras de protección para sus cultivos con el fin de modificar la estacionalidad de la producción y de obtener mejores retornos en los mercados de destino.
El uso de invernaderos y estructuras similares para la producción de hortalizas de fruto se está extendiendo aunque es paulatino. Según un relevamiento realizado en 2010-2011, a cargo de la ingeniera Virginia Rizzardi, la superficie con cultivos forzados en San Juan era de 30 hectáreas, de las cuales 24 correspondía a invernaderos y el resto a construcciones con cobertura de malla media sombra o antigranizo.

La profesional, especialista en este tipo de producción, estima que esa área se amplió y que existen unas 25 hectáreas de cultivos bajo plástico y cerca de 10 hectáreas con malla. Si bien la aplicación de estas tecnologías sirve para proteger los cultivos, la principal finalidad es desestacionalizar la producción de tal forma de llegar a los mercados en los momentos en que los precios son más favorables. Esto significa tener primicia o tardicia respecto a los cultivos a campo.

Las producciones que ocupan mayor superficie con el uso de estas tecnologías en la provincia son tomate, pimiento y melón, aunque también hay zuchini, chaucha y hortalizas de hoja en verano, entre otros. En San Juan, el tomate de invernadero se cosecha desde la segunda quincena de octubre, adelantándose varias semanas al que se cultiva a campo, que sale en diciembre. En el caso del pimiento es posible cosechar de abril a diciembre y el melón puede salir hasta un mes antes que la producción sin cubierta.

Asimismo es posible hacer un cultivo escalonado y tener producción casi todo el año con un manejo diferencial. De todos modos se diferencian dos épocas importantes de entrada a mercado de estos productos, las primicias desde fin de octubre hasta fin de diciembre, y las producciones tardías que se venden en el mes de junio.

El manejo del cultivo protegido es diferente al que lleva en el campo. La densidad de plantación es mayor para aprovechar el espacio. Por lo tanto, las plantas necesitan cierta conducción de tal forma que se desarrollen hacia arriba y no hacia los costados.

De hecho, ningún invernáculo supera las 3,5 hectáreas en San Juan. Además requiere otro manejo en cuanto a riego, utilización de fertilizantes, agroquímicos y lucha contra plagas, enfermedades y malezas.

Estructuras y precios

Por un lado están los invernaderos que tienen cobertura plástica, con lo cual es posible lograr un microclima en su interior, que es más sencillo manejar en épocas frías que en cálidas. Y luego están los umbráculos que están hechos con malla media sombra tienen como principal función proteger del sol, los vientos y el granizo, y con esto favorecer la calidad del producto.

En el caso de los umbráculos, el costo de su implementación es, según Rizzardi, de $95 mil por hectárea, valor que no incluye otras aplicaciones como riego por goteo. Por el lado de los invernaderos, si se adopta una estructura metálica, su valor es de $95 mil por mil metros cuadrados, y si es de madera, su precio ronda los $75 mil por 1.200 metros cuadrados.

En la provincia la estructura de madera es la más común, ya que tiene cierta similitud con el armado de un parral, por lo que generalmente, las empresas dedicadas al armado de parrales son las que ofrecen también este servicio.

En cuanto al tipo de estructuras, la más común es la denominada a “dos aguas”, conocida localmente con el nombre de “capilla” o su versión modificada con la cumbrera a niveles desencontrados denominada “tipo chileno”. Estos invernaderos son construidos artesanalmente con madera y cobertura de polietileno. Sólo el 11 % de la superficie está ocupada por invernaderos metálicos de techo curvo, construidos con caños galvanizados, conocidos en la zona con el nombre de “parabólicos”.

El otro tipo encontrado es el “manta parral” con postes y cumbreras de madera, que abarcan el 6 % de la superficie. Las estructuras metálicas son utilizadas principalmente para la producción de plantines de hortalizas, de vid y de olivo.

Conveniencia

Rizzardi entiende que una vez que el agricultor hizo sus números y está decidido a invertir en cultivos forzados, se justifica el desembolso por la diferencia que puede lograr en los mercados. Alejandro Montoro, asesor del Mercado concentrador coincide con esta apreciación al entender que si bien se trata de una gran inversión, vale la pena incursionar en estos sistemas de producción.

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