En la UNCo se cultivan plantas nativas en un vivero para rehabilitar zonas degradadas de la provincia. Plantaciones en campo ya demostraron un nivel de supervivencia que alcanza el 95%.
Suelos desnudos y médanos cubren buena parte de la geografía, aunque a pesar de inhóspita y rebelde, la estepa más árida también puede ser sustentable, contra todo preconcepto peyorativo. Requiere de la intervención del hombre para poner en valor, por ejemplo, a las especies de origen.
Entonces, aquello que se define como yuyo a simple vista adquiere otra dimensión, potencialmente productiva. Es lo que intenta hacer un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), con proyección internacional. En un vivero cultivan plantas autóctonas para rehabilitar zonas degradadas, sin utilizar fertilizantes químicos.
"Su potencialidad está estimulada y no perjudicada por el ambiente a diferencia de los cultivos tradicionales", dijo Daniel Pérez, profesor de la Facultad de Ciencias del Ambiente y la Salud y coordinador del equipo.
El grupo integra el Laboratorio de Rehabilitación y Restauración de Ecosistemas Áridos que simboliza el nombre científico de la "jarilla" (Larrea). Esta planta, al igual que otras cultivadas en el vivero, utiliza poca agua, resiste las heladas y las sequías, fija el suelo y genera microambientes.
Interesa su valor ecosistémico pero también su potencial productivo y cultural. Muchas de las especies autóctonas pueden utilizarse con fines ornamentales. Es el caso del "chañar brea".
Pero hay otros usos. Las ramas de la "pichanilla" se utilizan para hacer escobas, y el "alpataco" es un arbusto que se puede usar como leña. Además, es una especie forrajera y sus gomas tienen un valor industrial potencial. Igual que la "melosa", cuya resina incluye varias aplicaciones.
Se agrega la "zampa", una especie con alto valor proteico que puede servir como forrajera para el ganado en zonas áridas. Así se suman a una lista de 14 plantas que se producen en el vivero para rehabilitar sitios degradados, tratando de iniciar o acelerar la "sucesión ecológica".
Una forma de hacerlo es introducir especies que fijan el nitrógeno, lo que genera un micrositio favorable para que se establezcan nuevas especies. "Intervenimos para acelerar este proceso que a la naturaleza le llevaría más de 100 años", explicó Florencia del Mar González, becaria de investigación.
Pasos
Primero se estudia el ecosistema de referencia y se definen las especies potenciales para favorecer la recuperación del suelo. Luego se recolectan semillas. Se limpian, seleccionan y se someten a distintos tratamientos en el invernadero. Cuando la planta está fuerte se traslada al sector de "rustificación" donde está en condiciones casi equivalentes a las que tendrá en campo.
El próximo paso es introducirlas en campo. Entonces se evalúa la ventana temporal más óptima para que sobrevivan. En eso está el equipo, aunque ya realizaron algunas plantaciones.
González, por ejemplo, evaluó el comportamiento de la "tara" en el Auca Mahuida y a poco más de un año de la plantación indicó que "el nivel de supervivencia oscila entre el 70 y el 90 por ciento".
La tesista Juana Lagos lo hizo con otras tres especies. Y sobre dos de ellas obtuvo conclusiones similares. Según dijo, el "alpataco" tuvo un nivel del 70 al 95% y la "melosa" del 75 al 90%. Otras investigaciones tomaron como referencia Aguada Pichana y Loma de la Yegua.
La meta para este año: llegar a probar científicamente 30 especies en su germinación. Así intentan poner en valor lo que "es nuestro" y transmitir el conocimiento a los pobladores para aprovechar el entorno de referencia con fines productivos. De eso se trata la sustentabilidad.
Especies que se cultivan en el vivero
Grindelia chiloensis (melosa).
Senna kurtzii.
Senna arnottiana (tara).
Senna aphylla (pichanilla).
Poa ligularis (coirón).
Prosopis denudans.
Prosopis flexuosa var.depressa (alpataco).
Prosopis alpataco (alpataco).
Atriplex lampa (zampa).
Caesalpinia sp.
Senecio subulatus.
Senecio filaginoides.
Cercidium preacox (chañar brea).
Schinus johnstonii (molle).
Los alcances de la desertificación
Neuquén> La desertificación es la degradación de las tierras y la vegetación, la erosión de los suelos y la pérdida de la capa superficial del suelo en las áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, causada por la actividad del hombre y la variación del clima.
Este fenómeno se refleja en la Patagonia en un 85% y afecta el sustento de la población en seis provincias. Una de ellas es Neuquén, cuyo territorio está desertificado en un 92%. En este contexto, Aguada San Roque, es un caso de degradación extrema.
En la lucha contra la desertificación este lugar es el primer objetivo que aborda el proyecto GEF Patagonia. Se trata de una iniciativa propiciada por el gobierno nacional para implementar los principios y las técnicas del Manejo Sustentable de Tierras (MST), con asistencia del PNUD y participación de la Provincia.
La principal causa de ésta problemática se atribuye al sobrepastoreo producido por un manejo que en muchos casos sobreestima la receptividad de los predios donde se desarrolla la ganadería. También impacta la extracción de leña, la prospección minera, la explotación de hidrocarburos y las obras viales.
La agricultura mecanizada en zonas áridas y semiáridas, las prácticas de irrrigación inadecuadas, la mala gestión de los aportes y la falta de dedicación a la mejora de las tierras, los sistemas y políticas inapropiados del uso de las mismas, son otros de los factores que inciden en este proceso.
Además impacta la sequía, el desmonte, los incendios de bosques y matorrales o la deforestación causada por el aumento poblacional. El viento, otro factor imponderable, favorece la erosión y la desertificación levantando nubes de polvo que llegan hasta las Islas Malvinas.
Presentan trabajo sobre la problemática
Neuquén> "Rehabilitación en el desierto" es el nombre del libro que se presentará mañana a las 11 en el Salón Azul de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo).
El trabajo recopila los ensayos con plantas nativas en Aguada Pichana, Neuquén.
Producto de una labor en equipo de la Facultad de Ciencias del Ambiente y la Salud, esta iniciativa difunde la experiencia adquirida y comparte los resultados obtenidos mediante la viverización de plantas autóctonas y su intervención en ambientes degradados de la provincia.
Así procura realizar un aporte a la solución de problemas ambientales tan significativos para la zona como la desertificación.
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