Los trabajadores del relleno sanitario se dividen entre “los de arriba” y “los de abajo”. Los primeros reniegan de formar parte de la Coopeplus y dicen que se sienten apartados.
“Los de abajo” forman parte de la Coopeplus, la cooperativa creada para manejar la planta de reciclado.
“Los de arriba” no se oponen, pero tienen fuertes diferencias con ellos. “Creemos que formando una cooperativa con tantas personas no van a llegar a dar los tantos, no nos va a quedar nada de plata a ninguno”, dijo ayer Silvia Domínguez, quien de lunes a sábado está durante la tarde en el relleno. Ella forma parte de “los de arriba”.
-¿Es una cuestión básicamente económica?, le preguntó El Diario.
-Sí. Estamos de acuerdo en que se forme la cooperativa, pero no en estar todos en el mismo grupo. Sino que los del relleno seamos independientes a la Coopeplus.
-¿Para ustedes cuál es la manera ideal para trabajar?
-En dos turnos, como estamos actualmente. El de ellos es de 4.00 a 10.00 de la mañana, y el nuestro de 10.00 hasta las tres o cuatro de la tarde.
Interna
Las diferencias, según Domínguez, empezaron cuando los que ahora forman parte de Coopeplus empezaron a ir a la Municipalidad. Ellos fueron los últimos en entrar a trabajar al relleno.
“Al principio nosotros estábamos en dos turnos: uno de 6.00 a 11.00 y otro de 11 hasta que terminen los camiones -detalló Domínguez-. Ellos estaban a la par nuestra, pero no estaban dentro del relleno. Cuando empezaron a ir a la Municipalidad porque querían entrar, unimos los dos turnos y ellos eligieron el de la mañana. Nosotros el de tarde. Después siguieron peleando por la cooperativa y otros derechos, y a nosotros de la Municipalidad nos dijeron que nos mantengamos al margen de la problemática de los de abajo. Y que no nos hiciéramos problemas porque nosotros teníamos un puesto asegurado en la cooperativa pero que no necesitábamos ir con ellos”.
Ese pedido surgió desde la gestión de Francisco Torroba, según explica la mujer. Pero de las actuales autoridades nadie se ha acercado. “Nunca un sí o un no, nunca nos vinieron a preguntar nada. Solamente nos hicieron firmar una planilla porque nos dijeron que nos iabn a dar ropa y calzado adecuado”, explicó sobre la relación con los funcionarios de Larrañaga.
-¿Cómo ven el proyecto de la Planta de Reciclado?
-Está bueno. Es otro trabajo, otra organización. No peleamos por un puesto de trabajo, porque lo tenemos. Lo que no queremos es estar con el otro grupo porque ellos son muchas personas. Y se hablan cosas que no son ciertas, porque dicen que son sesenta y pico y si acá vienen cuatro o cinco por día es mucho.
-¿Y los demás quiénes son?
-Supuestamente son personas que están en una lista de espera que tienen ellos. En la única reunión que nos invitaron, donde supuestamente iban a elegir presidente y los delegados, cuando llegamos a Luz y Fuerza ya tenían todo elegido y nos dejaron afuera. Y siempre nos dejaron afuera. Cuando queríamos hablar con alguien, con Vendramini (director de Protección Ambiental y Servicios Públicos de Torroba) o con Pepe (Di Liscia), nos decían que nos quedáramos tranquilos que teníamos el puesto asegurado en la cooperativa. Ahora supuestamente van a entrar 23 personas más, y nunca nos dijeron nada. Nos tienen aislados, no hay comunicación. Las veces que han venido a gritarnos a la puerta del galpón “ya se les va a terminar esto”, como si alguna vez nos hubieramos puesto en contra... En la reunión de Luz y Fuerza nunca nos dijeron que había que llevar documentos para quedar en una lista, mucha gente quedó afuera y hace muchos años que están. Ellos son ellos, y nosostros estamos aparte.
Antiguedad
La diferencia parace surgir, básicamente, de la “antiguedad” que lleva cada grupo allí dentro. Domínguez cuenta que de “los de arriba” algunos están hace catorce años y los últimos llegaron hace seis o siete años. El trabajo que realizan allí equivale a entre 500 a 700 pesos por semana, estabdo de lunes a sábado. Ella es madre de 8 hijos y mantiene a su familia con lo que saca del relleno más una pensión por madre de familia numerosa.
Además la inquietud crece porque asegura que si esas 23 personas que ingresan van a su turno “nos cortan los brazos”, como grafica. De todas maneras aclara: “no sé si es cierto, pero tenían que respetar nuestro turno”.

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