Por Eduardo Aulicino.Nadie que transite la política puede declararse sorprendido, pero el caso bonaerense llama la atención sobre el modo desaprensivo en que la disputa política y el deterioro económico se potencian en una espiral que arrastra a la sociedad, como si ese además fuera un tema menor.
Daniel Scioli debió desarmar en cuatro cuotas el pago del medio aguinaldo a más de medio millón de empleados provinciales. Desde La Plata responsabilizan al gobierno nacional y desde Olivos recomiendan clases de buena administración . En el medio, se deshacen los planes de compras y otros gastos de miles de trabajadores, con impacto negativo –módico, según intentan minimizar fuentes oficialistas– en el consumo masivo. Un dato desalentador por donde sea mirado, que se suma a otro también inquietante, referido al debut de la interna del poder en la vida del común de la gente.
La mirada restringida a los resultados en el consumo es significativa pero incompleta desde el punto de vista social. La medida adoptada por Scioli tendrá esta semana un primera respuesta gremial, con un paro de estatales y también de docentes.
Traducido a la vida diaria : gente con problemas para trámites y otras actividades en la administración provincial, y más grave, miles de familias que verán que sus hijos pierden un día de clases, sumado esto a los problemas domésticos conocidos.
En el terreno político, el gobernador intentará bajar la tensión sindical, aunque descarta que las medidas de fuerza se agoten de un día para otro. Esta semana, funcionarios del gobierno provincial volverán a reunirse con dirigentes de los gremios alcanzados por el fraccionamiento del aguinaldo. Las explicaciones del caso ya fueron dadas.
“El problema no son los gremios y menos aún los trabajadores” , dice una fuente allegada a Scioli. Ese es el frente más complicado, pero el eje del conflicto y de las posibles soluciones no pasa por allí .
Desde la Provincia, en los próximos días saldrán a contestar la carga lanzada por el gobierno central en su intento de difundir que la responsabilidad por el cuadro bonaerense es exclusivamente de Scioli y que nada tiene que ver con esto la ofensiva de Olivos para lijar al posible competidor por la candidatura de 2015.
El gobierno bonaerense replicará con cifras y una especie de rendición de cuentas pública sobre el destino de los fondos. Hay algunos ejemplos que seguramente ocuparán varios renglones de esas respuestas: el congelamiento y deterioro del Fondo para el GBA, la caída de la coparticipación, y el discrecional envío de partidas adicionales, que el año pasado rondaron los 9.600 millones de pesos y en los primeros cinco meses de este año sumaron apenas 600 millones .
De todos modos, Scioli buscará evitar la confrontación personal con la Presidenta, la única con potencia de fuego real en el oficialismo. El resto de los exponentes del cristinismo que jugaron en esta pelea difícilmente inquiete: cuesta entender la elección del casi desconocido ministro Hernán Lorenzino o el devaluado Amado Boudou, seguramente la imagen más desprestigiada del Gobierno.
Existen por detrás de esta batalla asignaturas olvidadas y antecedentes con registro en el tablero de las alarmas . La principal materia pendiente es la discusión de un nuevo esquema de coparticipación federal, postergada desde la reforma de la Constitución aprobada hace 18 años, nueve de los cuales corresponden a la gestión kirchnerista.
Entre los antecedentes que inquietan por el manejo del poder, se destaca el conflicto por el intento de traspaso del subte a la gestión de Mauricio Macri. El punto máximo de fricción se produjo con el paro que durante un día y medio dejó sin servicios a más de un millón de usuarios . El trasfondo de la pelea, como se sabe, es quién se hace cargo de los subsidios o de aumentar las tarifas.
El Gobierno anunció y dejó en suspenso una tarea impuesta por el ajuste cada vez más visible: el recorte significativo de los fondos que destina a diversos servicios. Entre los caminos que busca para amortiguar costos directos , se inscribió la pulseada con el jefe de gobierno porteño. Y hay quienes temen que algo parecido ocurra con la decisión de compartir con la Ciudad y la Provincia las decisiones sobre transporte público de pasajeros para el área metropolitana. Los involucrados son Macri y Scioli, posibles competidores externo e interno en la perspectiva de 2015. Los dos ya han dado señales de que no están en condiciones de recibir los servicios sin las partidas nacionales .
En el peronismo bonaerense, hay quienes sostienen que el principal componente de la actual disputa es político . Las sombras que se recortan en distintos rubros de la economía parecen contradecir esa evaluación o por lo menos reclaman una lectura más amplia. La combinación de factores tal vez sea una fórmula más realista y menos tranquilizadora, aunque no sólo para la gestión bonaerense




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