Aunque supuestamente “nadie habla de candidaturas”, la pelea entre los dos dirigentes de Jujuy Avanza es principal comidilla en las tertulias políticas de la provincia.
Ambos aspiran al alto honor de acompañar a Fellner en la elección que se viene y Segura –dicen en su entorno- podría resignar la gobernación pero “no le pidan más” ni mucho menos una poco expectable postulación a la intendencia capitalina. El vicegobernador hace campaña política desde el primer día en que se sentó en el sillón de la Legislatura y en los últimos meses, asesorado por un prestigioso especialista que trajo de Buenos Aires, encaró decididamente la campaña de instalación de su imagen en la opinión pública jujeña. Su mirada penetrante, inquisidora, severa, desde las terrosas lunetas de los colectivos urbanos, parece decir mucho más que un consejo vial: “vótenme porque si no lo hacen, se van a arrepentir”.
Rivarola, por su parte, ya se cansó de la política con control remoto que le dio muy buenos réditos desde hace más de una década y ahora se decidió a dar el salto que lo ponga en el centro del Olimpo de la política vernácula.”. Parece, entonces, haber acabado la época en que el poderoso empresario ponía muñecos en lugares claves para que respondan a sus mandatos.
Ahora quiere ser él, en persona, quien accione los botones que le interesan del Estado. También es momento de ir fabricando bronce, para dar satisfacción a la necesidad de quedar en la historia, que el dinero por sí solo no le puede dar.
El distanciamiento de los dos hombres, no es nueva. Pocos pudieron escuchar una frase de Rivarola en el recinto de la Cámara de Diputados el año pasado, cuando señalando con el dedo al vicegobernador, anunció: “A ese lo puse yo”.
Aportando leña al fuego, una encuesta de imagen que circula por la Casa de Gobierno y la Legislatura muestra al vicegobernador un punto por debajo de Rivarola, que apenas araña el 3 por ciento.
¿Quién tiene que ser el partenaire de Fellner? Quizás ninguno de los dos, opinan algunos en el entorno del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. ¿Podrá el ex gobernador elegir a su compañero de fórmula o se lo impondrá la omnipresente Jujuy Avanza?
Una señal de hasta dónde parece haber llegado el conflicto entre Segura y Rivarola o Rivarola y Segura es el cuasi escándalo que se desató por detrás de la declinación de Jujuy al Top Race, el gran sueño que iba a revolucionar a la provincia según pregonaban figuras prominentes de Jujuy Avanza, como el vicegobernador y su fiel alabardero, el diputado Marcelo Abraham.
El jefe de la bancada justicialista eligió un programa televisivo, donde no le iban a hacer preguntas incómodas, para apoyar la decisión oficial de bajarse de la competencia por el alto costo –unos cuatro millones de pesos- que implicaba para las arcas provinciales, cuando al comienzo se hablaba de solamente de gastos por 800 mil pesos. De paso, por otro lado, hizo saber que estaría dispuesto a aceptar el “sacrificio” de ocupar el cargo que “necesite” el partido en las elecciones del año que viene y que no se quiere ir de Jujuy, una metáfora para anunciar que no aceptará candidaturas nacionales.
En postura inversa, el diputado Abraham usó grandes espacios del diario de Rivarola (¡) para fustigar la decisión del Gobierno respecto del Top Race. Abraham habló de “obras que no se cumplieron”, acusó al ministro Fernando Frías y disparó que Jujuy “demostró ser poco serio y falto de previsibilidad”. Además pontificó que “esto no era un gasto sino una inversión que, si lo comparamos, tenía igual valor que el monumento al Bicentenario que se hizo en la zona de la nueva terminal, que ni siquiera se inauguró y no le reditúa nada a la provincia”.
Pero la experiencia política enseña que las apariencias casi siempre engañan y que si el río suena porque trae piedras, dejará de sonar cuando pase la creciente. No sería nada raro que después del Carnaval, veamos a los protagonistas de este relato abrazados en un palco de campaña, elogiando la unidad de los compañeros y sus renunciamientos históricos…




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