En la interna abierta del domingo también se vota por la oposición

A su forma, la del domingo será lo que se dice una interna. Es que al elegirse un candidato a diputado entre tres dirigentes que militan en el Frente Cívico, paralelamente se elegirá cuál sector del radicalismo asumirá las riendas partidarias a partir de diciembre próximo.

Salvo la de ministro Mario Marcolli, las candidaturas de Renato Gigantino, Gustavo Roque Jalile significan algo dentro de la Unión Cívica Radical. El diputado Gigantino cuenta con el aval declarado del Movimiento Renovador, el brizuelismo; en tanto que el intendente Jalile, además de los votos de su propia cantera, cuenta con el respaldo de la Línea Celeste, el castillismo.

Según gane uno u otro, el pleito también dirime cuál de los sectores, el brizuelismo o el castillismo, asumirá la jefatura de la oposición a partir de la asunción del nuevo gobierno kirchnerista, en diciembre próximo. Por esa jerarquía, Marcolli tampoco compite, lo suyo es puramente testimonial.

Cuando comienza a asentarse el polvo que dejó la elección del 13 de marzo dentro de la Unión Cívica Radical catamarqueña, comienza a revalorizarse las gestiones del senador Oscar Castillo, tanto en lo partidario como en la provincia.

Fueron reiteradas las menciones públicas de distintos dirigentes referidas a las difíciles condiciones económicas en que le tocó gobernar a Castillo; aún así, dijeron, él, Castillo, garantizó “la paz social”. En lo estrictamente partidario se le reconoce al ex Gobernador su paso al costado, dado justamente para que la principal candidatura recayera en el 2003, en Eduardo Brizuela del Moral.

Obvio, nadie, ni dentro ni fuera del castillismo, dice que las dificultades económicas del año 2001 la sufrieron con mayor virulencia las provincias que no hicieron los deberes en los ’90, y si Castillo garantizó la paz social fue a costa de una deuda monumental que todavía nadie investiga; habrá que ver si el kirchnerismo futuro se anima.

Sobre el “renunciamiento histórico” de Castillo en 2003, los Celeste tampoco quieren decir que el gesto no tuvo ningún desprendimiento, porque para esa época ya se advertía la caída del Frente Cívico a manos de Justicialismo, encolumnado en esos años detrás de Luis Barrionuevo. Solo la fortuna envidiable de Brizuela del Moral, más una millonaria campaña de desprestigio de Barrionuevo, financiada desde Catamarca, logró revertir la tendencia.

En el sector Renovador, la situación es más compleja. Hay bronca con el sector, responsable de la derrota del 13 de marzo, que fue el fin de 20 años de buena vida para muchos en el radicalismo catamarqueño. Nadie se explica todavía cómo un súper candidato, gobernador en ejercicio, pierde frente a una oponente que solo repartía foquitos de bajo consumo. Increíble.

Pesan también en contra del oficialismo los últimos decretos que firmó Eduardo Brizuela del Moral; pesan todos, las designaciones de miles de trabajadores que, dicen los radicales, “bien podrían haberse firmado antes de las elecciones de marzo; no hubiéramos perdido”. Pesan también los vergonzosos acomodos de los propios funcionarios de Brizuela en cargo de planta en la Administración Pública.

Todas esas broncas pesarán en los radicales a la hora de votar por una u otra candidatura de Gigantino y Jalile el domingo próximo.

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