Hernán de GoñiEl Gobierno no quiere resignarse a perder algunos de los pilares económicos que construyó en el arranque de su actual ciclo de ocho años. Es indudable que tratar de mantener los superávit gemelos (fiscal y comercial) y un tipo de cambio competitivo es un objetivo loable de política económica. Pero a la vista de las decisiones que asume para alcanzarlos, queda a la vista un sesgo bastante particular: su vocación por imponer comportamientos al sector privado termina por frustrar su misión.
El freno a las importaciones para cuidar las reservas traduce esta visión. La receta difícilmente aliente a un inversor a ampliar una fábrica y a asumir compromisos de exportación reales. Lo más probable es que motive matrimonios por conveniencia que solo satisfagan a la burocracia. En definitiva, demuestra más preocupación por detener los dólares que salen, que por incentivar la llegada genuina de capitales.
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