Un grupo de personas llegó hasta el patio interno y trató de robar una moto secuestrada. Es el segundo ataque en menos de una semana. Cuando la calma volvió en el barrio, la Policía encontró un elemento utilizado como tumbera dentro de un cantero.
Según informaron fuentes policiales, el frente de atacantes se instaló sobre las calles Paimún y Chocón, y en ese punto evitaron la libre circulación de peatones y automovilistas.
Preparados con gomeras y bombas molotov, ocultaron su cara con pañuelos y gorros, y alrededor de las 19.30 del viernes comenzaron a arrojar piedras y otros elementos contundentes. También se escucharon detonaciones de arma de fuego.
Los agresores también entraron por la fuerza al patio trasero de la unidad e intentaron robar de allí una moto con pedido de secuestro. Para ingresar rompieron el candado del portón y dañaron también la puerta de acceso de chapa que comunica con el interior de la comisaría.
El personal de la unidad, superado en número, pudo no obstante con sus propios recursos evitar el avance del grupo hacia adentro de la seccional.
Ocho policías dispersaron al grupo hasta las calles Paimún y Tres Arroyos. Para repeler el ataque, los efectivos contaron con postas de goma y gases lacrimógenos. Se sabe que los grupos especiales de la Uespo no pudieron llegar de forma inmediata al lugar para reforzar la contención de sus compañeros, porque hubo problemas mecánicos que zanjar en un móvil.
Más tarde los refuerzos llegaron a pie y se reestableció la calma en el sector pasada la medianoche del viernes.
Cuando el personal realizó una inspección ocular descubrió en un cantero ubicado en el sector de la vereda de la alcaidía una lapicera utilizada como arma de fuego tipo tumbera. Al desenroscar su parte superior, los efectivos observaron que contenía un cartucho calibre 22, que aparentemente había sido percutido.
Aunque no hubo móviles ni personal lesionado, las mismas fuentes indicaron que un Fiat Siena secuestrado por una contravención municipal sufrió la rotura de un parabrisas producto de las piedras que arrojaron.
Conflicto de larga data
El ataque del viernes “viene de arrastre”, reflexionó una fuente policial. Ocurre que en la madrugada del miércoles la demora de un joven desencadenó el primer ataque hacia la unidad. Además de los daños al edificio y de las heridas que registraron siete efectivos, un adolescente de 15 años resultó lesionado de bala.
La bronca viene de ahí, y el viernes, antes de que estallara el conflicto, una mujer advirtió al personal que cierre la unidad porque iba a ser blanco de ataque.
Los graves incidentes que rodearon a la comisaría involucra a un grupo de jóvenes y adultos “unidos por la sangre”.
La mayoría integra familias proclives al conflicto social permanente en el barrio.
Algunos incluso integran las filas de una agrupación juvenil que supuestamente trabaja para mejorar el barrio, movilizados por una mujer. Estos jóvenes, que se identifican con una remera verde, reclamarían hace tiempo por el ex destacamento policial.
Comentá la nota