Los intendentes quieren a Scioli, pero más se quieren a sí mismos

Por Julio Blanck

La bocaza del intendente de Lanús destapó la cloaca. Delante de un centenar de funcionarios de su municipio, Darío Díaz Pérez dijo que había escuchado a la Presidenta decir que Daniel Scioli “no sabe gestionar” , que “es un desastre” y “un inútil” y que mejor “se vaya de la Provincia” .

Aseguró haber escuchado semejantes palabras durante una reunión de Cristina con intendentes, el viernes 22 de junio en la Quinta de Olivos. Lo reveló el periodista Leonardo Míndez en Clarín , y se armó una milonga de dimensiones bíblicas.

Llovieron desmentidas que dejaron empapado al bueno del intendente. Que la Presidenta no es de hablar en esos términos, que los imprudentes deben hacerse cargo de lo que dicen. Fue desopilante la desmentida del propio Díaz Pérez: dijo que la Presidenta no había dicho lo que él dijo que había dicho, y que lo que él había dicho en realidad era la conclusión que había elaborado después de escuchar a la Presidenta. ¿Se entiende algo? Nada. Salvo que Díaz Pérez entró a patinar marcha atrás y prefirió el ridículo, o el absurdo para decirlo más suave, antes que quedar crucificado por un acto de sinceridad extrema.

El equívoco, casi farsesco, queda encapsulado en sí mismo. Pero lo que revela y presagia se extiende como una mancha venenosa sobre la provincia de Buenos Aires, un territorio donde viven casi 16.000.000 de personas, se crea el 40% de la riqueza de este país, hay algunos de los bolsones de pobreza más espantosos de los muchos que nos avergüenzan y que el peronismo gobierna desde hace 25 años con suerte diversa.

Intendentes del GBA que conocen a Díaz Pérez estiman que su exabrupto respondió a cierta impericia política: “Quiso mostrar que tenía llegada al poder y habló delante de montones de tipos que vienen de antes en el municipio y que no le responden” , señaló un colega, para explicar las palabras escandalosas y la posterior filtración, que dejó escorado al hombre de Lanús.

Pero lo que dice ese intendente del Sur de GBA, y coincide con lo que dice otro de la Zona Norte, es que Díaz Pérez desnudó lo que unos cuantos jefes comunales piensan, a propósito del estilo excesivamente distante de la resolución de problemas concretos que le atribuyen a Scioli.

Más aún: un tercer intendente, que participó en la famosa reunión del 22 de junio con Cristina, aseguró a sus alborotados colegas que las palabras que Díaz Pérez atribuyó a la Presidenta “no fueron lo que Cristina dijo, pero sí lo que dio a entender”.

Los intendentes quieren a Scioli, porque los ayudó a ganar elecciones y siempre amagó defenderlos de las incursiones cristinistas en sus territorios. Pero más se quieren a sí mismos.

Admiten que esta nueva carga lo refuerza a Scioli en el lugar de víctima , que tan buen resultado le ha dado hasta ahora. Pero al mismo tiempo apuntan que a partir de este episodio brutal, la ofensiva sobre Scioli se consolida y apunta a seguir creciendo.

Nadie alcanza a predecir hasta dónde llegará el ahogo financiero, que ya le costó al gobernador desdoblar el aguinaldo y comerse una semana de paros y protestas de empleados y maestros. Tampoco nadie arriesga pronóstico sobre cuánto más le apretarán a Scioli el torniquete político, que tiene al destituyente vicegobernador Gabriel Mariotto como principal fuerza de choque y al laborioso ministro Julio De Vido como armador sobre las ruinas que esa demolición va dejando.

Ya hubo tres reuniones de De Vido con intendentes del GBA. En todas dejó claro que venía en cumplimiento de instrucciones de la Presidenta . En todas recordó que hablaba como peronista.

Sus palabras derritieron de placer a los intendentes: les pidió que le presenten carpetas con proyectos de obras públicas.

“¿Sabés cuánto hace que no nos preguntaban qué necesitamos?”, se ilusionó un cacique del suroeste del GBA.

Zorros viejos aunque muchos apenas pasan los 40, le dijeron a De Vido que necesitan presupuesto para seguridad, el punto más débil del discurso oficial según el cual todo está fantástico. Alguno recordó que con Kirchner habían acordado un plan de Protección Ciudadana que suponía derramar 300 millones de pesos para inundar de patrulleros el conurbano. De Vido tomó nota y les prometió pronta respuesta.

Cuando reaccione, quizá Scioli se dé cuenta de que le están serruchando el piso en serio . Y que no van a parar a menos que él haga algo para impedirlo.

Comentá la nota